26 años de la obtención del “Clausura 94″: el último gran equipo en el post Bochini

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por Ernesto Gallardo

Columnista Invitado

Antes de la obtención de la Copa Sudamericana de 2017, insistía que el equipo del  94’ había sido el último con características deslumbrantes. Incluso por sobre el plantel del “Apertura 2002”.

Pero, revisando los números de aquel certamen, no le fue sencillo a aquel equipo de Miguel Ángel Brindisi. Fue de menos a más. Jugó 19 partidos, ganó 8 de ellos, empató en 10 ocasiones y perdió con San Lorenzo 3-2 de local en la Doble Visera. Resultó ser el equipo  más goleador con 32 conquistas y su arco fue el menos vencido con apenas 13 goles recibidos en 19 partidos. Números asombrosos aunque el Huracán de Cúper quedó a solo una unidad y donde la diferencia se cristalizó recién en el último match.

Ocurre que la pesada herencia de reemplazar a Ricardo Bochini empezó a gestarse desde la brutal patada de Erbín que sacó del fútbol a Dios. El post Alonso, el post Francescoli, el post Pelé, el Post Maradona, son íconos de la historia del fútbol mundial que atravesarlos significaron desafíos propios de las verdaderas gestas del deporte. Como vivir sin tener a tu jugador estrella, como reconvertirte, como reemplazarlos, como cambiar esquemas sobre la marcha,  como subyugar a tu gente sin la estrella, la que te cortaba tickets y te daba campeonatos. Difícil, muy difícil. Un período de transición pesado de llevar, que a veces demora años, camadas enteras de jugadores que son fusibles hasta encontrar alguien que los reemplace o al menos les devuelva la alegría de ganar y ser competitivo.

Ya habían pasado Nito Veiga y Pedro Marchetta. En las últimas 4 fechas del torneo anterior claudicó el “negro” y llega Brindisi con pasado del “globo”, sin la famosa estirpe “roja”, sin haber jugado en el club.  Tremendo desafío: terminar ese torneo y armar un equipo a la altura de las exigencias que había sobre él. Había que recuperar a Gustavo López y ensamblar a la nueva incorporación: Albeiro “el palomo” Usuriaga. Con las estadísticas en la mano y a 26 años de aquella obtención, resulta evidente que Miguel nutrió ese equipo con su sello de equilibrio. Aprovechó la base del elenco del 92’ con Nito, el remanente del plantel de Marchetta y …a esperar la adaptación del colombiano. Todo ese se concretó en 5 meses.

De aquel 0-0 inicial con Vélez hasta el impactante partido que cerraba el torneo pasaron cosas. Solidez defensiva con Islas, Craviotto, Rotchen, Serrizuela y Ríos.  Medio campo de relevos, juego y quite con Cagna y Perico. Y ahí hay que hacer un punto y seguido: el Dany Garnero se vistió del Bocha y  el templo empezó a olvidar a su líder de tantas hazañas y de tanto amor. Empresa que parecía imposible hasta que la cantera de “paladares negros”, desde su horno, moldeó con la misma técnica. El post Bochini partido a partido le daba lugar al heredero de caños, goles, sombreros, fintas y pases gol. La platea del “teatro de los sueños” ya había puesto entre sus actores principales a Garnero, Gustavo López, el promovido por Miguel, Sebastián Pascual Rambert y un hombre que a partir de su actuación ante Ferro en la sexta fecha dándole el 2-0 se me metió a la gente en el bolsillo para siempre: Usuriaga.

Ya ni tuve que decir a los de arriba, por añadidura hubo que nombrarlos. Ya que desde los pies del Dany hizo jugar a cada uno de ellos. Garnero desterró en base a su mágica derecha los fantasmas que sobrevolaban el templo.

En la penúltima jornada Independiente sacó chapa de candidato al ganarle a Gimnasia en La Plata en una demostración de jerarquía individual y colectiva inolvidable,  goleando a elenco de Griguol 5 a 1. Se llegaba a la última fecha con Independiente a  un punto por debajo del huracán de la anguila Gutiérrez, Barrios y  Moralito. Sólo valía ganar. No pudo ser mejor el cierre de ese campeonato: se ganó, gustó y goleó. En dos partidos metió 9 goles y recibió solo 1. Equilibrio, fútbol, plantel, técnico, carácter, características de un campeón indiscutible aunque en los guarismos  no le sobró nada. Sí le sobró calidad y estirpe.

El post Bochini se había consumado. El equipo de Brindisi, que se veía armando desde Veiga y Marchetta, explotó en agosto del 94’.

23 años después, ya en el plano internacional, dudé en aquel precepto que sostenía a capa y espada.  Campaña, Bustos,  Franco, Amorebietta, Taglia, el torito, Domingo, Barco, Mesa, Benitez, Rigoni, el Puma, Silva, Sanchez Miño y otros junto al profesor Holan me hicieron dudar de esa aseveración que mantuve 23 años guardada en mi corazón. La dimensión del rival, de la copa, del Maracaná y de la mística recuperada me hicieron rendir a sus pies.

Hasta Río habíamos superado el post Bochini. A tres años del  Maracaná aún no olvidamos a Barco.

La historia continúa…

@bochagallardo

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