Fue mucho más que fútbol: campeones Nacional 1978

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por Claudio Avruj

Columnista Invitado

Aquella noche de 1978 la llevo grabada a fuego.

Como nunca mi Independiente fue mucho más que fútbol. Fue la compañía, la alegría y la felicidad.

Ese 10 de enero yo tenía 19 años apenas cumplidos. Estaba haciendo el servicio militar obligatorio  y me movilizaron como a tantos miles, repentinamente y sin explicación al sur a una imposible  y absurda guerra con Chile por el canal de Beagle. Otra locura inmensa de los militares de la dictadura militar que nos gobernaban.

Aquella noche fue diferente de todas las que pasamos en medio del campo en Junin de los Andes, durante casi tres meses.

Esa noche jugaba Independiente contra River. Quien ganaba era campeón.

El Sargento Gauna buscó la manera de que lo escucháramos. Nos sorprendió a todos. Acercó el Jeep al sector del lugar donde comíamos en el campamento, él había encontrado la forma que la radio de onda corta captara alguna emisora cercana que a su vez era repetidora de Radio Rivadavia.

Alrededor del Jeep estábamos todos y éramos muchos. No había gorros, banderas ni vinchas, solo la necesidad de ser parte de algo distinto.

Ahí estábamos, algunos del Rojo, otros de River y otros hinchas de todos los clubes a quienes movía el placer de escuchar fútbol y a la vez el morbo sano de embromar a unos otros.

El relato llegaba entrecortado y mezclado con el ruido típico de las ondas cortas.

Los apellidos de los jugadores muchas veces había que adivinarlos y las jugadas en el relato quedaban inconclusas dejándonos con la intriga. Los ruidos eran más fuertes  que las palabras que se podían oír.

Y fueron apareciendo  los goles del Bocha, en su mejor noche, en medio de ese relato raro, que distorsionaba hasta la inconfundible voz del gordo José María Muñoz.

Recuerdo los gritos y los abrazos en cada gol y el festejo posterior por entre las carpas hasta que llegó  la orden del Sargento mandandonos a dormir. El era de River. .

Aquella noche está viva en mi mente como si fuera presente.

Es que aquel campeonato, el que solo pude conocer  de verdad recién en marzo cuando regresamos gracias a mi viejo que  me había separado todos los diarios y  comprado el Gráfico Especial, me trajo una noche de inmensa alegría en medio de la tristeza y enojo tenía igual allá en el sur

Todos tenemos historias únicas con nuestro Independiente.

Esta es una más, pero para mí la más fuerte incomparable e inolvidable.

Por cosas como estas las instituciones son casi sagradas y deben cuidarse. Porque el fútbol que por ellas vive está íntimamente ligado con la vida. Con lo mejor de la vida.

¿Inexplicable? Puede ser, pero es así.

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