Llegó la hora de la verdad, rojo

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por Nicolás Gallardo

Columnista

No merece mucho análisis esta serie contra Fénix. Aclaramos en la columna anterior que era un equipo similar a un miembro de la Primera C. No solamente que la mayoría de sus jugadores no están a la altura de un torneo internacional, sino que el planteo del entrenador agudizó las diferencias en la ida y vuelta. Nunca fue un adversario decente y por esa razón se instó desde este lado a relativizar lo visto en estos 180 minutos.

Desde ya que ganar y obtener confianza con este tipo de partidos suma, y mucho, en el afán de Lucas Pusineri de reconvertir anímica y futbolísticamente a este plantel. Desde el reinicio de la actividad, este autor hizo hincapié en la necesidad de capitalizar este arranque “amistoso”, con rivales de poco fuste, para lograr ese volumen de juego tan necesario.

Se vislumbra algo más de unidad y de sacrificio. También se destacan buenas apariciones que ya son una realidad, tales como “Saltita” González y Alan Velasco. Es decir, hay algunos puntos favorables y que se intentaron aprovechar en esta seguidilla de encuentros que antecedían a los verdaderos desafíos para este Independiente.

Sin embargo, creo que no se materializó lo suficiente esta enorme oportunidad de encontrar una identidad. El “Rojo” no tiene un patrón de juego, arranca los partidos “a ver qué pasa”, incluso este jueves cuando estaba ganando 4-1 contra los uruguayos.

A pesar de tener una ofensiva casi nula, en el primer tiempo se observaron fallas en la defensa, en particular de Lucas Rodríguez y Alexander Barboza. Además, se evidenció cómo algunos mediocampistas de la visita vulneraron con pases verticales a la estancada contención de Independiente. Si a eso le sumamos un ataque que tampoco pudo hilvanar y concluir con éxito sus arremetidas, el panorama realmente no es muy positivo.

El balance desde la vuelta de la acción es discreto, tirando a mediocre. Que el Independiente de Pusineri mantenga un invicto de 11 partidos es una buena noticia, aunque es un análisis absolutamente viciado de objetividad. En el Rey de Copas importa y mucho los “cómo”. Y existe en ese sentido una gran deuda.

Hay que aclarar, a su vez, que Independiente mereció perder con Central Córdoba, Colón y Atlético Tucumán, por decir algunos ejemplos. Nunca fue superior a estos rivales y requirió del azar y de sus arqueros para sumar.

Salvo este bizarro cruce con Fenix, jamás el equipo de Lucas Pusineri se impuso con argumentos en el desarrollo de los partidos. A lo sumo se vieron algunos destellos y pequeñas intenciones que no se transformaron en combinaciones fructíferas.

Hay un central como Barboza que sigue dejando dudas con delanteros de poco nivel, un lateral izquierdo constantemente dubitativo, una pareja de volantes interiores con altibajos y de poca resistencia, una creación casi nula salvo el atrevimiento de Velasco y un delantero que debe autogestionarse para sobrevivir.

Se llega a este punto porque terminó la pretemporada. Independiente deberá jugar la zona campeonato y ahora se mide en la Sudamericana ante Lanús, el primer contrario de verdad para este plantel. Es un equipo claramente serio que no tendrá piedad si se encuentra con las debilidades expuestas en esta primera etapa del semestre.

Queda la sensación que se no se aprovechó el tiempo y parece que confunde a más de uno esa estadística de partidos invictos. Sería preocupante prestarle atención a datos que son inconexos a la realidad. Esta observación no desalienta las chances de Independiente que puede seguir avanzando en sus objetivos. No obstante, lo que se debe considerar es que cualquier margen de error se pagará caro, un asunto no menor para Lucas Pusineri, quien detecta hace un tiempo como propios y ajenos lo tienen en la mira.

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