Mercado bloqueado

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por Nicolás Gallardo

Columnista

Independiente vive un “block out” permanente e inducido por su propia impericia. Hace dos años y medio, el Rojo afirmaba tener el plantel más cotizado y pretendido del mercado y en ese marco buscó enriquecerse aún más con exóticas contrataciones para satisfacer los caprichos del rey del relato, que hoy naufraga en la mediocridad del fútbol trasandino.

Si bien algunas ventas se destacaron como el caso de Barco y Meza, todo ese presunto patrimonio quedó desdibujado por un capitalismo feroz y sin sentido. En tres mercados de pases, el club fue un fiel reflejo de lo que les ocurre a muchos argentinos: quiso gastar por más de lo que percibe. Lo increíble del caso es que realmente no tenía grandes necesidades como para endeudarse. No había que conocer mucho de fútbol para saber que había que sostener la base de jugadores campeones y reforzar algunos puntos que podían quedar vacantes, tras la salida de “Barquito” y Tagliafico, por citar dos ejemplos. Ahora, la absurda “ambición” de traer jugadores en puestos ya muy bien ocupados fue una señal del exceso de facultades de una dirigencia ausente.

El empoderamiento ciego a un hombre que se creyó rey y la anarquía dirigencial por solo haber conseguido un título, resultan un factor imposible de eludir para hablar de este presente inhibitorio.

Desde el 2020, Independiente camina en la delgada línea de los juicios. Llegan todas las semanas expedientes a los tribunales del TAS (Tribunal Arbitral du Sport en francés) sobre los incumplimientos del club a la hora de saldar con lo prometido. Ya no es culpa de la pesada herencia de administraciones anteriores. Es improcedente referirse a responsabilidades externas a la hora de mencionar los motivos por los cuales el club se transformó en un compulsivo miembro del Veraz. Los abogados que contrató el club afrontan la difícil misión de evitar verdaderas bombas de tiempo que podrían resultar aún más catastróficas si se detonan en el corto plazo. Mínimo buscan aplazarlas un tiempo creyendo en los milagros dirigenciales.

Perder los debates en los tribunales representaría un golpe que podría ser de nocaut para la institucionalidad. Mientras tanto, muchos piensan en la vuelta de Agüero o Biglia, incoherencias de un sector de la población roja que consume en demasía redes sociales durante la cuarentena y poco se informa de la cruda realidad de un club que roza la quiebra. En la actualidad, el club no puede afrontar la llegada de Ezequiel Piovi. Esa es la vara actual en cuanto a las chances que hay en el mercado de pases. No hay que culpar al coronavirus.

No alcanzará con vender las sedes ni los flamantes sanatorios verdes, hoy utilizados por el Covid-19, para levantar la situación si estallan esas bombas judiciales por deudas.

Mientras tanto, hay otros conflictos que podrían llegar a esas instancias si es que no se actúa a tiempo. Producto de este panorama, es que vemos cómo Independiente propone la salida, casi como sea, de su endeudado patrimonio. Más de 4 millones de dólares por Silvio Romero, casi 7 por Cecilio Domínguez, 3 por Jonathan Menéndez, 4 por Alexander Barboza y se podría continuar. Todos ellos, con posibilidad concreta de irse casi gratis. En otras palabras, desde la conquista en el Maracaná se gastó casi 30 millones de dólares (en los papeles), una cifra tan inédita como espectacularmente ridícula al terminar esfumando todo lo anteriormente bien hecho.

Independiente se inhibió solo. Pasó de ser la vidriera de la Argentina y transformarse en un exportador de elite de materia prima a ser una feria, muy cerquita (y con mejores promociones) a los stands itinerantes de Plaza Alsina.

Quienes manejaron el club se creyeron que tener un saldo más amplio en la tarjeta de crédito, podían hacer un uso desmedido. Después son aquellos que cuestionan después a la compañía del plástico, al banco y al Gobierno. Fue rotundamente increíble ver el nivel de excusas que se escuchó durante estas últimas semanas. Si bien algunos dirigentes reconocen fuera de micrófono las consecuencias del abandono, algunos todavía siguen faltando a reuniones claves para definir el futuro de Independiente.

Hay una salida ante tanta tempestad en el ambiente. Propongo buscar alguna camiseta retro de Independiente con algún color verde. Si hubo amarilla en su momento, quizás alguna vez se utilizó el verde. Podría tratarse de un anzuelo para entusiasmar a algunos hombres que sí ocupan su tiempo en asuntos fuera de la institución con total vocación y dedicación full time. Con esa fórmula, podríamos tener una entidad tremendamente rica y respetada por todos. Podríamos cumplir todos nuestros deseos y no preguntarnos demasiado por qué. Seríamos amigos del Gobierno y evitaríamos los revés en la Justicia. El Rojo sería impunemente poderoso por décadas y sólo con un cambio de color.

Sólo habrá que reemplazar algunos hábitos y costumbres. Por ejemplo, dejaremos de ir a la sede de la Avenida Mitre y cruzaremos el Puente Pueyrredon para ir a un conocido edificio del barrio porteño de Constitución. En vez de hacer caravanas en apoyo cerca del Libertadores de America solo deberemos impedir que trabaje una de las empresas más exitosas del país en el mundo. Solo hay que ir hasta Sarandi, a mano.

Son sólo algunos atajos sugeridos para salir del pozo y contar con un compromiso totalmente alto de los dirigentes que, donde quieren, son implacables.

El futuro del rojo está embargado, a menos que una consecución de hechos (milagrosos) ilumine el camino sombrío que hoy nos lleva a la perdición. Si no hay tal vocación para salir de la crisis, nos comerán los buitres. No habrá margen para un plan salvataje “a lo Vicentín”.

No habrá voracidad empresaria que atacar si se consuma lo peor. Sin un trabajo dedicado las 24 horas, serán los presuntos representantes de los trabajadores quienes firmen el acta de defunción del club.

Será imposible bloquear las oficinas del TAS en Ginebra denunciando un lawfare, ni replicar la laxitud que hay en Comodoro Py en los tribunales internacionales. En un club comandado por los defensores de los derechos laborales, los incumplimientos con el “laburante” podrían dejarnos en la ruina, paradojas del destino.

@nicogallaok

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