Parar la pelota

Continúan las obras en el Libertadores de América
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por Claudio Avruj

Columnista

Nombres, nombres y más nombres.

Nombres de jugadores; de los que ya se fueron; los que dicen que se van y de los que se anuncian vendrían; de quienes son ofrecidos sin que nadie los solicite; de quienes dicen que quieren venir sin que se los llame, de los que se fueron y ahora nos enteramos que estaban mal con éste y con aquel, de los que se quieren ir y nadie los desea.

Nombres de técnicos que proclaman su deseo de serlo; de los que se fueron hace tiempo y de pronto aparecen en escena; de los que son consultados; y de los que no lo son.

De dirigentes; de los que están en funciones; los que se fueron; de los que son ejemplo y los que no; de los postulados y promovidos y luego negados; y de los auto postulados.

Costumbre bien nuestra y perversa por cierto de pronunciar nombres para tratarlos y destratarlos en un abrir y cerrar de ojos como si fuera una subasta, un remate de personas.

Así es el mundo Independiente de estos tiempos.

Se hace daño desde adentro y se hace daño desde afuera.

Un tiempo que debiera terminar por el bien de todos. Es urgente detener este tobogán de desprestigio que avergüenza, hiere, enoja asusta y desanima.

Tengo una carpeta guardada que les hice a mis hijos. Es de cartulina roja que dice en letras gigantes “Yo lo vi campeón. Mi primer campeonato”.

En ella están prolijamente guardados todos los artículos del Olé Deportivo que iban narrando semana tras semana, desde la llegada del Tolo Gallego y el armado de el equipo, hasta la vuelta olímpica ante San Lorenzo. Mis hijos eran muy chicos.

Revisandola una vez más, me encuentro que el partido inaugural fue también un 27 de julio como aquel que hace poco recordamos en este portal, el de la obtención del Metropolitano 1970 en cancha de Racing en la última fecha.

Este 27 de julio, fue un sábado. Era el año 2002, un sábado a la noche de Doble Visera a pleno y en la cual se respiraba al entrar, la alegría y el convencimiento de que se podía.

¡Que después de muchos años se podía! Recuerdo aquel sábado la seguridad con la que el equipo entró a la cancha encabezado por Gabriel Milito Mariscal y Capitán y rememoro emocionándome, el abrazo con mis hijos y el canto de todos que se instaló ese año al final del partido después del triunfo 2 a 0 a Lanús: “… no se como voy… no se como vengo… yo solo sé que te vengo a alentar…. Vamos Independiente todo va estar bien…que una vuelta yo quiero dar… y todos juntos a festejar…”

Recuerdos fuertemente grabados, de experiencias felices que refuerzan la identidad y pertenencia.

Es cierto también y es bueno decirlo, que aquella hermosa aventura de ese equipo de estrellas requirió de un plan sólido y sustentable que no pudo tener y así aquello luego cayó como un castillo de naipes.

Por eso, cuando hoy el escenario es el que vemos y que se asemeja a un argumento de viejas obras de teatro de dramas y sainetes de conventillos, debemos entre todos encontrar una senda común que permita la reorganización y consolidación de un modelo institucional para al menos los próximos 10 años, no para ganar una elección o un campeonato.

Deberá ser una construcción institucional que detenga la continua debacle de los últimos 20 años, y que esté basada en un diálogo y un hacer que cuide y no lastime, que escuche y analice, que amalgame y no imponga, que entusiasme y no atemorice, que articule para decidir, que decida y gestione.

Ese diálogo solo lo liderará quien sienta de verdad estos valores.

Quien en verdad los encarne y sea creíble ante los ojos de los demás porque muestra con sus acciones que los posee.

Ya no se trata porque no alcanza en este tiempo en que vivimos, mostrar galones por lo que se es o por lo que se hizo. Así no se lidera.

Es un tiempo en que los liderazgos surgen y son buscado por como son y por los valores y capacidades que tienen las personas.

No se trata de ser lírico, se trata más que nunca de entender que al dirigente los socios le prestan la institución para que la cuide, la prestigie, la haga crecer y la consolide.

Es necesario parar la pelota. Tocar a los costados y buscar avanzar mirando fijo el objetivo.

Empezar en conjunto a construir una cultura distinta. Una cultura institucional que nos haga sentir bien a todos, tanto y tan solo eso.

Porque en definitiva es como dice la canción;

” No sé como voy…no sé como vengo… no puedo explicar este sentimiento se lleva adentro y no puedo parar… Vamos Independiente todo va a estar bien …

Es así. Queremos estar bien. Necesitamos que Independiente este bien.

@clauavruj

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