Que Papá Noel nos devuelva la sonrisa

El Uno x Uno de Independiente en la goleada ante Fénix
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por Nicolás Gallardo

Columnista

Si hay algo que faltó en gran parte del 2020 fue la presencia del público en las canchas debido a las medidas dispuestas por la pandemia del coronavirus. Sin embargo, si contamos los primeros meses del año y analizamos nuestro estado de ánimo en ese tiempo, tranquilamente podemos concluir que el hincha rojo lejos estuvo de sonreír en sus casas durante el confinamiento una vez que se reanudó el fútbol.

Clásicos perdidos (uno de ellos perdido ridículamente), eliminación en copas, no acceder a torneos internacionales en 2021, y quedar sistemáticamente afuera de los campeonatos domésticos a las pocas fechas es un resumen de lo malo que fue el año futbolístico de Independiente. No hubo un solo festejo en este fatídico 2020.

La pandemia resultaba oportuno para barajar y dar de nuevo. Reacomodar ideas, renovar energías y plantear un trabajo serio en un periodo inédito de inactividad. No obstante, nada pasó. Los hinchas pudimos ver a la distancia como el paso del tiempo nunca modificó las cosas. En los partidos de pretemporada se avizoraban señales que nos daban cuenta que nada se revirtió. Seguíamos sumergidos en el mismo contexto de angustia y de nulo volumen de juego.

Existieron distintos motivos. Una depuración incompleta, un mercado de pases malo y un estallido interno producto de los constantes incumplimientos dirigenciales.

Se vivió un clima sumamente hostil durante la cuarentena que solo sacó a relucir un malestar generalizado que se agravó con el correr del tiempo. Si la casa no está en orden, resulta muy difícil aislar los problemas. No es tan fácil tapar la basura debajo de la alfombra.

Es imposible olvidar la pantalla apagada o la colchoneta solitaria de Sánchez Miño. No fue un hecho único. El propio Alan Franco reflejó también su descontento con destratos y como no recordar la novela con Silvio Romero, quien sigue en Independiente solo porque ningún club serio aceptaría pagarle ni la mitad de lo que cobra en el rojo

En vez de hablar sobre refuerzos, protocolos covid o el regreso a las prácticas nos transformamos en especialistas judiciales debido a la ola de juicios de distintos futbolistas. Eso, sumado al recorte salarial aludiendo a la pandemia generó un clima que solo agudizó un panorama que ya era sombrío.

Lucas Pusineri demostró que buscó hacer un curso acelerado en el club. Nadie va a dudar de su  buena voluntad y su compromiso. Lucas es alguien muy querido y él quiere más que ninguno triunfar en Independiente. No obstante, desperdició increíblemente el tiempo y nada se vio reflejado en la cancha. No solamente porque el equipo no da dos pases seguidos, sino porque casi no se observó un convencimiento del plantel a la impronta que quiso darle el entrenador. Tampoco podemos decir que Independiente ensayó jugadas preparadas. Siempre se apostó al “a ver qué pasa”.

Muchos adjudicarán esta coyuntura a la falta de incorporaciones de calidad y está claro que es un factor ineludible. Tanto con el plantel del primer semestre como del segundo era imposible pensar en que Independiente pudiera ser competitivo. Entonces, si en el nombre por nombre no había argumentos sólidos para pensar en grande, menos expectativa podíamos tener ante los sucesivos errores propios que estamos relatando.

Es por esta razón que en esta columna se enfatizó en que nadie debe darse por defraudado con este andar de Independiente. Era esperable encontrarnos con un rendimiento así. Fue muy lógico este semestre, sin sorpresas.

Si no fuera por Sebastián Sosa y Milton Álvarez, Independiente hubiera quedado afuera con Atlético Tucumán en Sudamericana y no hubiera llegado a la zona campeonato del torneo local.

En cuanto a la defensa, el balance es más negativo que positivo. Si bien en algunos partidos se vieron algunas buenas actuaciones, los últimos encuentros, que eran los importantes, no funcionaron bien. Fabricio Bustos fue quien, quizás, más se destacó, o fue más regular. Es cierto que no tiene un ocho que lo ayude para hacer el relevo y profundizar. De igual modo, deja mucho que desear en defensa y también en ataque, donde pocas veces termina bien una jugada entrando al área rival.

Por su parte, Alán Franco dejó en claro en el final del año que pocas ganas le quedan de seguir en Independiente. Está prácticamente desconocido al nivel que lo supimos ver. Hay que decirle a él y a su representante que jugando así, lejos estará de Europa. Si tiene errores como con Lanús, está más cerca de volver a San Telmo. Luego, Alexander Barboza se encontró con la titularidad debido a la insólita situación de Muñoz. El central jugó dignamente con Central Córdoba y Colón, pero no cuando debía hacerlo. Con los rivales de verdad. Debe marcharse cuanto antes. En tanto, Lucas Rodríguez es un lateral apenas discreto. No cambia la tónica. Ni se caracteriza por la marca ni tampoco por los desbordes. Un lateral que seguramente en Arsenal o Banfield sería suplente.

En la mitad de cancha, están los principales problemas. Solo sabemos que “Saltita” González es el hombre a empoderar, pero cuidándolo. Hay que mimarlo. Presenta grandes cualidades, aunque no hay que exponerlo. Su dupla con Lucas Romero es aceptable. Lástima que el “Perro” se lesiona siempre en los partidos importantes.

La falta de conducción fue otro gran déficit. SI bien es cierto que el gran saldo positivo es la aparición de Alán Velasco, quien es la “Joya” que debemos hacer crecer paulatinamente, Independiente sufrió su nula creatividad a la hora de atacar. Suena increíble decir que el rojo no atacó en todo el año. Que sólo tuvo aproximaciones y algunos goles fruto de jugadas azarosas o alguna arremetida individual. Con los pocos pesos que teníamos, apostamos por Andrés Roa. Frente a la escasez de enganches, creímos que era una buena idea asegurarnos un volante creativo. Fue una mala decisión, que tuvo un costo altísimo: un millón trescientos mil dólares. Inviable.

Si hablamos de errores evitables, la continuidad de Pablo Hernández es una clara. Se lesionó en su mejor momento. Es verdad. Ahora, nunca demostró estar a la altura de la primera división y en su regreso lo evidenció aún más. Es momento de ahorrarnos un sueldo muy grande para un hombre que dejó de ser jugador profesional en España.

En cuanto al ataque, nadie pueda negar el nivel de definición de Silvio Romero. Debe ser de los mejores del fútbol argentino. No obstante, durante todo el año el capitán afrontó constantes problemas físicos, algunos llegando al punto de lo cuestionable por lo repetitivo y por los momentos decisivos que se ausentó. Por algunos periodos, dudo de su conducta profesional. Hay veces que le cuesta hasta correr. Demasiadas consideraciones para uno de los jugadores que más gana en el fútbol argentino. Es la oportunidad de buscar un delantero más joven y competitivo. Nadie debe culpar a Mesinitti. El joven, con lógicos motivos, se quedó ante la falta de competencia. Todos haríamos lo mismo. Ahora, no es serio poner al ex San Martín de San Juan en un duelo tan clave como con Lanús. No podemos hablar de competir de verdad en copas internacionales, si ponemos a un atacante de B Nacional. Todos sabíamos que si se resfriaba el “Chino”, íbamos a tener estas situaciones. Y ocurrió.

Todo indica que seguirá Lucas Pusineri. No estoy de acuerdo. El DT no tiene casi un punto positivo en su apresurado posgrado. Le podemos rescatar que potenció a algunos jóvenes. Si. Pero esto es Independiente y no podemos permitirnos otro año donde el club no juegue a nada y se vea reflejado por el desempeño de su técnico. De igual modo, ya no tiene mucho sentido plantearlo ante su ratificación. Quedará en esperar cuál será la reacción de Jorge Burruchaga, de pobre trabajo hasta aquí.

Muchas veces se dijo que los jugadores de Independiente, en el último tiempo, sentían la presión del hincha. Que el clima de hostilidad impedía que logren un mejor nivel. Con el coronavirus y las canchas vacías, esas afirmaciones se convirtieron en excusas, en frases infundadas. Todos nos dimos cuenta cuál hubiera sido la respuesta de la gente en el Libertadores de América ante estos rendimientos tan malos. Hubiéramos visto durante todo este 2020 muchas caras largas, con señales de bronca y seguramente más de una lágrima de tristeza e impotencia ante una realidad que nos abruma y no nos deja ver un futuro próspero.

Aún buscando ser optimista, cuesta confiar que el 2021 sea un buen año. Sin torneos internacionales y con un plantel que probablemente tenga todavía menos nombres de jerarquía, Independiente afrontará un año duro. Pusineri debe dedicarse a seguir potenciando a los jóvenes y rodearlos de laboriosos, y no de muchachos que en los compromisos importantes se quedan mirando netflix. Será la única fórmula para volver a creer y recuperar la sonrisa.

 

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