Qué suerte haberte visto jugar, Diego

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por Claudio Avruj

Columnista Invitado

Un sábado por la noche Pedro, mi viejo, el que me enseñó a disfrutar del fútbol, el  jugarlo y verlo, me dijo: “mañana juega River, (de quien él era hincha) en la cancha de Argentinos Juniors quiero ir porque me dijeron que hay un “pibito” que en el entretiempo hace jueguito con la pelota y la lleva así de arco a arco sin que se le caiga”.

Eso fue en 1972.

Mi viejo casi nunca iba  de visitante, pero vivíamos en Floresta y la cancha de los Bichitos Colorados quedaba muy cerca. Recuerdo que salimos con tiempo y fuimos caminando por Rivadavia hasta Boyacá y allí directo hasta la cancha.

Ese domingo, bajo una terrible lluvia que se desató en la mitad del primer tiempo, supe de Maradona. Yo tenía casi 13 años, apenas un año más que él. Lo vi y recuerdo bien los aplausos que provocaba en las tres tribunas del viejo estadio de madera.

Vertiginosamente Diego pasó a ser de todos  en nuestra adolescencia. La veneración, identificación y cariño de todos los que lo vimos jugar, pero en especial de nosotros los de su misma generación fue incondicional.

Al debate instalado esos años sobre quien fue más grande en la historia no había posibilidad de responder con otro nombre  que no sea Maradona. ¡y claro que debía ser así, era nuestro, era cercano, lo veíamos, lo disfrutábamos.!

Una vez le preguntaron al Negro Fontanarrosa qué pensaba de la vida de Maradona, y dijo:….”la verdad que no me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía….”

Así fue y  así se entiende la tristeza de todo un país y el mundo y la consternación que provoca su fallecimiento.

Un día, años después, él ya consagrado en la primera división de Argentinos Juniors, lo vi en persona por única vez en mi vida.

Fue en febrero de 1980, después del partido de la primera fecha en la Doble Visera del Torneo Metropolitano en la que nos ganaron 3 a 2.

Cosas raras y milagrosas de la vida futbolera a Independiente lo dirigía Santoro y a Argentinos Juniors Miguel Ángel López y en la cancha: Bochini vs. Maradona. ¡Imborrable!.

En un semáforo en la Avenida Caseros y Chiclana se detiene al lado mío un auto con música fuerte y tres muchachos cantando y bailando. Era Domenech al volante, el marcador de punta de Argentinos Juniors y Diego de acompañante. Después de la sorpresa  solo atiné a decirle: ¡Diego cómo nos vas a ganar así, y encima haces un gol de tiro libre!!.

Se río y me dijo: “Tranquilo sos del mejor del mundo y tienen al Bocha, el mejor del mundo, mi maestro!  mientras levantaba el dedo pulgar.

El semáforo se puso en  amarillo y los perdí de vista. Me costó poner primera y continuar mi camino.

Solo eso, una charla sencilla y breve  que hoy junto con aquel día bajo la lluvia viéndolo hacer jueguito, más los 1000 partidos  en que lo ví y las veces que me quedo sentado cuando me sorprende algún especial en el televisor repitiendo sus goles y sus glorias son mi vínculo con él que me inspira el mayor respeto y mejor recuerdo.

Hoy siento la pena de todos los que amamos el fútbol, pero siento que  los que crecimos con él tenemos un plus en esta congoja.

Se fue un artista, nos dejó su creatividad.

El, sólo él llevó el fútbol Argentino a un lugar inimaginado.  Los que vinieron después y los que seguirán viviendo recorren su camino con la obligación de honrarlo y hacerlo mejor aún.

Se fue el hombre. Se queda su obra. Fue un elegido. Su magia en la cancha nos hizo felices. Los  amantes del fútbol sabemos que fue el más grande, el mejor en este juego.

Los que lo vimos en su plenitud estaremos siempre agradecidos de lo que nos regaló como jugador.

Afortunados nosotros. Descansa en paz Diego.

@clauavruj

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