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Columna de Opinion

Orden y progreso

Invocar una frase originada en el siglo XIX aunque utilizada filosófica como políticamente desde entonces hasta el presente, resulta un término acorde para hacer mención a los tiempos que se avecinan para Independiente.

Alejado de la intención de hacer uso y abuso de un mensaje que sigue teniendo una considerable carga de connotación institucional para distintos países del planeta, Orden y Progreso representa el periodo que tiene a Lucas Pusineri al frente del club de Avellaneda.

El flamante entrenador entendió desde el minuto uno su misión. Consiente de las limitaciones presupuestarias que harán que Independiente afronte un mercado de pases más vendedor que comprador, el objetivo prioritario que ya asume el ex volante es reagrupar a su tropa y que su mensaje no solo no tenga diferentes interpretaciones, sino que exista un claro convencimiento.

Parecería exagerado tener que recurrir a la sociología como parte de la reconstrucción conceptual que debe analizar Pusineri. Sin embargo, a las pruebas me remito. No han sido sólo errores en los esquemas, en los cambios o en las contrataciones. Desde la era Holan que el plantel rojo se encuentra con divisiones. En épocas de grieta, en Independiente existió la facción del actual DT de Universidad Católica y por otro el del profesor Kohan. Por una sumatoria de factores, ese conflicto tomó estado público y desnudó el marcado descenso del crecimiento de Independiente, reconocido por los propios jugadores en aquel 2018.

Se puede entender también como una falencia en la comunicación. En años donde la tecnología diversificó las formas de interactuar, el emisor para el plantel de Independiente carecía de claridad. O no le entendían o no compartieron sus formas. Puede comprenderse también como un claro defecto de los receptores, muchos de los cuales sobrevivieron a las gestiones de Mauricio Pellegrino, Jorge Almirón, Gabriel Milito, Ariel Holan y de Sebastián Beccacece. Sin embargo, es motivo de otra nota que lo detalle como corresponde.

Lo cierto es que Pusineri deberá aunar esfuerzos para tener el plantel más competitivo que pueda, aunque acentuando su idea: convencer que su plan ofrecerá la prosperidad en el futuro. Que no será pan para hoy y hambre para mañana. Que el fin no justifica los medios como aquella humillante victoria en Tucumán ante Atlético. Sí, victoria en el marcador pero fracaso en aquel mensaje que pregonaba quien hoy ya viste el buzo del vecino. Por esas fechas, Beccacece hizo abuso de un relato que nadie creyó.

Algo similar pasó con Holán. Tras su rotundo éxito en la Copa Sudamericana, sus ambiciones y atribuciones nublaron su plan. Todos sus frutos perdieron su brillo, terminaron de empañarse, lo cual no quita que su aporte será recordado por todos.

Recapitulando, el presente técnico no sólo deberá elegir estratégicamente los refuerzos que tenga a su alcance. Como parte de esta reestructuración, necesaria ante una serie de imprecisiones compartidas por varios hombres, la depuración no solo permitirá aliviar las arcas, sino que podrá empoderar su mensaje. El alejamiento de algunos referentes del plantel, algunos ya concretados y otros con posibilidades certeras de irse de Avellaneda, alientan la premisa de que es mejor tener a un plantel equilibrado y cohesionado. Más es menos, muchas veces.

El buen ejercicio del poder permitirá a Pusineri lograr ese anhelo. “Va a jugar el que mejor esté, no tengo compromisos con nadie”, es una frase no menor. Siguiendo con las referencias históricas, es una declaración muy usada por alguien que lo mencionan como el Napoleón de Nuñez, Marcelo Gallardo. Nadie se revelaría ante el líder. No ocurre hace años en River. En cambio, por estos pagos fue abundante la cantidad de entrevistas en las cuales jugadores y dirigentes comentaron enemistades y diferencias que luego se trasladaron al campo de juego. Sin ir muy lejos, con Beccacece es un fiel y reciente ejemplo de la distancia que había con la mayoría de los jugadores, salvo algunos adeptos que tuvieron su paso por Florencio Varela, que tampoco rindieron aunque lo respaldaron.

Con las altas y bajas que se vendrán, la principal meta no estará exclusivamente puesta en lo futbolístico. Se deberá recuperar el control del vestuario y del clima del plantel. Para tal fin no es necesario un mandato autoritario, aunque sí claro. Será imperioso que Pusineri delinee un plan que convenza al plantel de que su camino será favorable. Que con aciertos y errores, habrá sentido entre los dichos y los hechos. Que, pese a los obstáculos ocasionales, el protagonismo de Independiente será viable a medida que haya un trabajo mancomunado. La era del positivismo, aquella que ideó el filósofo francés Auguste Comte, creador de la frase Orden y Progreso, deberá ser el próximo estadio psicológico que afronte Independiente. Lejos de los relatos.

@Nicogallaok

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