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El virus que tiene en jaque al fútbol
Esta pandemia le puso un fin incierto al mundo de la de cuero.
Todos estos días, raros, desconocidos, inmersos en esta advenediza cuarentena en la que debemos aislarnos y estar el mayor tiempo posible en nuestros hogares, nos lleva a ser personas más pensantes, más humildes y sencillas, nos direcciona a un camino en el que lo material se torna eludible y lo que verdaderamente brota y engrandece el alma es el amor a la familia, como así también los momentos que uno disfruta sin tener tiempo; porque si hay algo que ocurre en estos días extraños es que el tiempo dejó de ser tiempo y la hora dejó de ser significativa para ser simplemente una excusa para la rutina.
Sin embargo, hay algo que no se puede detener ni se puede apartar como sí ocurrió con las tareas cotidianas de la gente, ( los trabajos, los quehaceres habituales y demás), hay algo que pese a la extrañeza que merodea nuestros días no existe nada que la pueda hacer a un lado y esa es la pasión.
Uno nace con pasión. Se levanta y se acuesta con ella. Es como la respiración: siempre está, aunque por momentos no la notes, pero sin ella lentamente morirás. Con la pasión ocurre de igual manera. Sin ella, la vida irá careciendo de sentido porque no será menester leer noticias sobre deportes, vaticinar las alineaciones de los equipos, realizar cuentas con los puntos de la tabla de posiciones y menos que menos ilusionarse con obtener un campeonato.
Hoy a todos los hinchas del fútbol nos está pasando eso, al igual que la respiración: vivimos pero no sentimos realmente la vida en sí. Es más bien abstracta, insulsa, desabrida. Este estilo de vida es distinto, no encaja con el de todos los días, con el cual estábamos acostumbrados. Hoy es viernes y nadie habla de los partidos del día ni de los de mañana ni de los del domingo -que suelen ser los más importantes-. No hay bares abiertos con charlas futboleras ni cargadas por la calle porque ganó uno u otro equipo. Desaparecieron los cruces de miradas entre hinchas de camisetas distintas por la calle, no están los canillitas con la tapa del abrazo de gol del equipo vencedor. Encima esto no ocurre sólo en la Argentina, sino también en Europa y en el resto del mundo.
Esta pandemia le puso un fin incierto al mundo de la de cuero. Le dijo basta a la Champions, a la Europa League, a la Copa Libertadores y a la Sudamericana, por citar algunos casos. Le puso un freno de manera brusca al deporte más visto del planeta. Pero lo más angustiante es que sin una fecha clara de retorno.
Así estamos. A la espera. No obstante, ningún hincha pierde las esperanzas del retorno de la “caprichosa”. Cada fanático desde su hogar viste un short o una camiseta relacionada al fútbol la mayor parte del tiempo y eso es innegable. Porque somos así. Es nuestra esencia. Nos podrán detener el juego un buen tiempo, pero nunca podrán frenar este “virus” lleno de pasión que es imparable.
Los portales deportivos contienen sólo noticias del Coronavirus y algunas encuestas futboleras de años pasados. Asimismo, surge alguna que otra publicación de los futbolistas que se ejercitan en soledad en sus casas como pueden. Ya no leemos novedades sobre victorias o derrotas ni nos asombramos al ver en el papel un gran partido que se avecina. Ya no.
¿Soportaremos una vida sin fútbol? ¿Sin los goles y las gambetas de Messi, las bicicletas de Neymar, los enganches de Firmino o las atajadas de Oblak? Va a ser duro. Pero después de cada tormenta sale el sol. Así que futboleros, a no desesperar y a quedarse en casa. Que si cumplimos los deberes, pronto volveremos a ver rodar la pelota y enardecer nuestras gargantas con esos gritos de guerra que detonan en un gol.
Por Tomás Robbio
