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Columna de Opinion

Un fallo que desnuda la política detrás del fútbol

Lo de Independiente no fue un episodio aislado ni un simple traspié deportivo. Fue la culminación de un entramado de poder que se venía gestando desde hace un mes y que terminó de estallar con el escandaloso fallo de la Conmebol. El Rojo, una de las instituciones más grandes del continente, volvió a quedar atrapado en el juego de intereses que hoy domina al fútbol sudamericano.

El 4 de agosto, la postal de dirigentes de Independiente junto a Claudio “Chiqui” Tapia en Ezeiza parecía apenas un gesto protocolar. Pero al día siguiente, la voz de Luciano Nakis —principal opositor en Avellaneda y hombre cercano a la AFA— habló de “recuperar” al club. ¿Casualidad? Difícil pensarlo. ¿Por qué tuiteó un día después de ese encuentro sobre la reconstrucción de Independiente de la mano de su agrupación, Lista Roja, que iba a llegar en 2026? Esa declaración parece ser la mecha de lo que después se vio en la cancha.

Mágicamente, empezaron a aparecer arbitrajes que perjudicaron claramente a Independiente. Desde el de Nazareno Arasa, que privó al equipo de un triunfo necesario contra River, hasta el regreso de viejos fantasmas como Anderson Daronco, verdugo de 2018, pasando por los robos contra Vélez e Instituto que dejaron a la vista una lista de decisiones polémicas. Penales insólitos, sanciones desmedidas, amonestaciones selectivas y un patrón que se repite: todas las equivocaciones fueron en contra de Independiente.

El punto más grave se vivió en el partido de vuelta ante la U de Chile. La llamada “zona liberada” dejó al descubierto la pasividad de la policía local frente a los ataques a los hinchas visitantes. Piedras, fierros, bombas caseras y hasta orina arrojada a las tribunas: la violencia fue tolerada hasta que la reacción de la barra roja sirvió como excusa para suspenderlo todo. Lo que debía ser un escándalo internacional terminó siendo utilizado en contra del propio club agredido.

Finalmente, el 4 de septiembre llegó el mazazo. En medio del clima festivo por el partido de la Selección, la Conmebol eligió ese momento para publicar el fallo: Independiente afuera, la U de Chile adentro. No hubo autocrítica por la organización, no hubo sanciones ejemplares para quienes iniciaron los disturbios. El mensaje fue claro: se castigó al que resultaba más incómodo en la mesa de poder.

Independiente no solo quedó herido en lo deportivo. Este fallo golpea su vida institucional y expone la fragilidad de un club que todavía busca recomponerse tras años de crisis. Pero también deja en evidencia algo más profundo: el fútbol argentino y sudamericano están atravesados por un sistema donde la justicia deportiva es maleable según intereses políticos y económicos.

Lo ocurrido no debería sorprendernos, pero sí indignarnos. Porque cuando un club histórico es tratado como un obstáculo a remover, lo que está en juego no es solo un resultado: es la credibilidad misma del deporte que seguimos amando.

Sin embargo, sería un error mirar únicamente hacia afuera. El fallo desnuda la política detrás del fútbol, pero también la desorganización interna de Independiente. La actual dirigencia no puede esconder bajo el manto de la conspiración sus propios desaciertos: un club con deudas millonarias, con proyectos deportivos que no terminan de consolidarse y con una conducción que aún no logra recuperar la confianza de su gente. Haber sido perjudicado no exime de responsabilidades; al contrario, obliga a preguntarse si el Rojo está preparado institucionalmente para enfrentar un escenario donde, además de las injusticias externas, también pesan sus errores puertas adentro.

Por Santiago Sposato ✍️🏼

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