¡Usuriaga, Usuriaga! El Palomo y la memoria emotiva

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El “Palomo” Albeiro Usuriaga fue uno de los grandes goleadores de Independiente, y quedará por siempre en la memoria de los hinchas del Rojo.

Albeiro Usuriaga falleció hace ya 16 años, pero su nombre quedará grabado en la memoria de todos los hinchas de Independiente. En El Gráfico, recordaron la vida del Palomo.

Nota completa

VIVE RÁPIDO, MUERE JOVEN Y DEJA UN BONITO CADÁVER

Febrero de 2004. Las sirenas intentan hacerse un lugar entre el tráfico de Cali, hace calor, el pegote se siente en el aire. La policía estaba allí, la gente revolucionada se amontonaba alrededor de un hombre tirado en el piso. -Permiso, permiso- la médica de la ambulancia intenta llegar entre gritos, lágrimas y sollozos. Una vez pasada la maraña humana, lo vio a él, tirado en el piso, entre cartas, fichas de dominó y porrones de cervezas vacíos. Se agacha, le mide el pulso, intenta escucharle el corazón:
-¿Alguién lo conoce?- indaga la doctora, y desde atrás una voz quebrada de un hombre responde:
“Albeiro, es Albeiro”

¡AHÍ VIENE EL PALOMO!

Albeiro Usuriaga perteneció a una generación brillante del fútbol colombiano, esa que le perpetró una goleada inolvidable a la Argentina de Basile en septiembre de 1993. Usuriaga, como tantos chicos que nacen y crecen en las barriadas más postergadas de latinoamérica, tuvo necesidades y después sueños. Repartía sus días vendiendo diarios para juntar unas monedas y jugaba al básquet en la cancha de 12 de octubre, donde intentaba copiar los movimientos de su ídolo Michael Jordan. Un día acompañó a unos amigos a una prueba en América de Cali y al instante llamó la atención. Le prestaron unos botines y pasó el examen que cambió su vida

En esa época Ricardo Gareca, quien jugaba en el conjunto caleño, lo aconsejó, lo cobijó y le regaló un par de botines. El destino los juntaría más tarde en Independiente de Avellaneda. En uno de sus primeros partidos, se ganó un canje de ropa en una casa importante de ropa. Al llegar solo tuvo ojos para un traje blanco, prístino, impoluto.

Albeiro y el "Palomo", producción de El Gráfico

Albeiro y el “Palomo”, producción de El Gráfico

Volvió caminando al barrio porque no tenía plata para viajar y con su 1,92 al verlo sus amigos acuñaron el apodo que lo acompañaría toda la vida: “¡Ahí viene el Palomo, ahí viene el Palomo!”
Más allá de sus excentricidades, locuras y rebeldías, Albeiro Usuriaga construyó una carrera sólida como jugador.  Debutó en América de Cali en 1986, pasó por Deportes Tolima, Cúcuta Deportivo, marcando un mojón importante en su carrera en el Atlético Nacional de “Pacho” Maturana en la Copa Libertadores de 1989. En semifinales, tras empatar 0-0 en Uruguay frente a Danubio, Usuriaga se despachó con cuatro goles para la victoria 6 a 0 en la revancha en suelo colombiano y lograr el pase a las finales.
En el partido de ida, Olimpia de Paraguay ganó 2 a 0. En la vuelta, el “Palomo” convirtió el segundo gol que empató la serie, para después ganarla por penales.

Indescifrable, Usuriaga era puro talento.

Indescifrable, Usuriaga era puro talento.

En su carrera se convirtió en un hombre de goles importantes, como el que convirtió en la repesca para Italia 1990. El 15 de octubre de 1989 decretó el 1-0 en Barranquilla contra Israel, dándole la clasificación a su país a un Mundial luego de 28 años, ya que en la vuelta -en Tel Aviv- empataron 0-0.
Más allá de ese gesto casi heroico, no fue convocado nunca más a la selección colombiana. Algunos dijeron que Maturana lo separó porque Usuriaga le había robado una cadena de oro a René Higuita, lo cual no fue cierto; y los motivos por los cuales no jugó nunca más no quedaron claros.
En 1992, jugando para el América de Cali, tenían que volar para enfrentar a Junior en Barranquilla. El técnico fue claro: “Todos en el aeropuerto con traje gris”. Usuriaga fue el único que apareció con un traje azul. Maturana enfurecido -difícil imaginarlo así- le impidió tomar el vuelo y no viajó al partido. El “Palomo” era así.

¡USURIAGA, USURIAGA!

Poco tiempo después, Independiente apareció en su horizonte. Llegó justamente desde los Diablos Rojos, tal el apodo del conjunto caleño, donde había salido subcampeón en 1991 y campeón en 1992.
Encajó a la perfección en ese equipo de Miguel Brindisi que tenía un fútbol generoso con el espectador, jugaba bien y ganaba. Gustavo López, Sebastián Rambert, Daniel Garnero, Diego Cagna, “Perico” Perez y Usuriaga como la figura excéntrica de ese “dream team”.
Desde chico Abeiro soñaba ser la tapa de la revista El Gráfico (como jugador de básquet) y el sueño se le convirtió en realidad, pero como jugador de fútbol.

Tranco largo y gambeta endiablada.

Tranco largo y gambeta endiablada.

El domingo 7 de agosto de 1994, en la vieja “Doble Visera”, Usuriaga fue el genio y figura en la victoria por 4 a 0 sobre Banfield. Convirtió el primer gol y participó de los tres restantes. Ese día, Independiente empezó a ganar el campeonato, a falta de cuatro fechas, con un “Palomo” intratable. Más allá del éxito, le costaba mucho estar lejos de su tierra, sus amigos. Su pertenencia estaba en Colombia.
En su primer paso en el “Rojo” ganó el Torneo Clausura, la Supercopa y la Recopa Sudamericana en Japón.
El segundo ciclo no fue tan felíz. Comenzó en 1996 y terminó en 1997 al dar positivo en consumo de cocaína frente a San Lorenzo de Almagro. La AFA lo suspendió por dos años y recién volvería a jugar el 13 de agosto de 1999: “Todos hemos cometido errores. Nunca fui adicto, fue un problema que tuve. Fueron las ganas de probar y justo me tocó el control antidoping. Fue la única vez que consumí. No me sentí apoyado, pero me ayudaron Maradona, Caniggia y el ‘Cabezón’ Ruggeri”.

VUELTA A LA VIDA

Corría el año 1999, Albeiro había regresado a Colombia, pero no la estaba pasando bien. Había sido condenado a 18 meses de cárcel por manejar ebrio y lesionar a un policía en un control de tránsito. Necesitaba salir de esa realidad.
En Córdoba, la Selección Argentina jugó un amistoso con Colombia. Oscar Gencarelli -dirigente de General Paz Juniors- conoció a Carlos Quieto, quien había ido a ver el partido. Se pusieron a charlar de fútbol y el representante del “Palomo” lo ofreció sin dudar. Era el destino ideal para volver a jugar y alejarlo del entorno que le hacía mal. Llegó y causó una revolución. Con su sonrisa y mirada pícara, conmovió hasta el último hincha del “poeta” de Córdoba.
General Paz ascendió a la B Nacional, Usuriaga a pesar de “elegir” qué partidos jugaba y tener concesiones, no defraudó a nadie. El fantasma del doping era eso: un fantasma que se había exorcizado.

Usuriaga en los pasillos del estadio de General Paz Juniors, siempre con Independiente.

Usuriaga en los pasillos del estadio de General Paz Juniors, siempre con Independiente.

Después jugó en All Boys, Sportivo Luqueño de Paraguay, para cerrar su carrera en el Carabobo de Venezuela. A sus 37 años, todavía quedaba “cumbia” en sus caderas y zancadas eternas en sus gambetas y apareció el fútbol chino en su horizonte.

“Independiente fue muy importante en mi vida y en mi carrera. Tuve buenos momentos en Colombia, pero me marcaron los títulos en el Rojo. Allí fui feliz y estuve tan cómodo en la Argentina que me sentí un argentino más”, declaró un tiempo después el goleador colombiano.

Usuriga no olvidaba sus orígenes, su gente. Ayudaba constantemente a los chicos del barrio que lo vió nacer.

Usuriga no olvidaba sus orígenes, su gente. Ayudaba constantemente a los chicos del barrio que lo vió nacer.

Cartas, fichas, el humo de algún cigarrillo consumiéndose apoyado en la mesa, en ese invisible equilibrio entre el extremo férreo del filtro y la débil resistencia de la ceniza. El “Palomo” está con sus amigos, en el Barrio 12 de octubre de Cali, tomando una cerveza y esperando una buena mano.
Se escucha una moto de fondo que viene a paso vivo, deja de ser un ruido de fondo para empezar a aturdir.
Cómo en una película de John Woo, Mauricio Colorado Roldán, alias ‘La Nana’, con un arma de fuego en cada mano, entró al bar donde Usuriaga estaba jugando a las cartas y disparó en trece ocasiones. Todo por salir con la mujer equivocada, la ex de Jefferson Valdez Marín, quien era el líder de la banda de sicarios conocida como “Molina”.

El "Palomo" como será recordado eternamente.

El “Palomo” como será recordado eternamente.

Albeiro yace en el piso, entre colillas, fichas, y alguna botella rota que tiró en su caída. La policía irrumpe en el local, la ambulancia grita desesperada en la puerta, pero ya no quedaba nada más por hacer.
Todavía queda el recuerdo del flaco que apareció en el barrio vestido con un impecable traje blanco y se convirtió en el “Palomo” para toda la eternidad.

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