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Intercontinental 64 Ida: el partido imposible

En Soy del Rojo hacemos memoria.

Un día como, pero 56 años atrás, el Club Atlético Independiente ganaba un partido memorable por la ida de la Copa Intercontinental 1964 frente al Inter de Milán. El Rey de Copas jugó gran parte del partido en inferioridad por una grave lesión de Tomás Rolan y logró imponerse por 1 a 0 con gol de Mario Rodríguez.

Independiente había logrado la Copa de Campeones de América (Libertadores) de 1964 y arrastraba un invicto internacional de 23 encuentros, debía enfrentar por la Copa Intercontinental al Inter de Italia, campeón europeo tras vencer 3-1 en la final al Real Madrid.

El entrenador Manuel Giúdice formó al equipo de la siguiente manera: Santoro; Guzmán, Rolan; Ferreiro, Acevedo, Maldonado; Bernao, Mura, Prospitti, Rodríguez y Savoy.

La Visera desbordaba y presentaba un clima de efervescencia como el que acostumbraba en cada noche copera, pero con absoluto respeto por el rival. No sería una Intercontinental de las violentas como en otras ediciones, ni en la cancha ni en las tribunas.

El partido ya era complicado de por sí, pero más trabajoso sería luego de la grave lesión sufrida por el lateral uruguayo Tomás Rolan, quien se rompería los ligamentos de su rodilla izquierda. Sin cambios, el Orgullo Nacional debía afrontar el partido con un jugador menos y la baja sensible de un emblema.

El técnico rojo haría algunos retoques, pasando “Pipo” Ferreiro al lateral izquierdo, mandaría a su equipo al frente a pesar de la inferioridad, sabiendo que había que ganar porque el partido en Italia sería igual o más duro.

Llegando la última media hora del partido, Mario Rodríguez conectaría un centro de cabeza y lo que parecía ser un remate accesible se le escaparía de entre las manos al arquero Giuliano Sarti, pasándole la pelota por debajo de sus piernas hasta llegar al gol. Estallaría la Visera, que aportó su magia para que el Rey de Copas se quedara con un triunfo épico.

La prensa italiana diría que el público ganó el partido aunque el esfuerzo del equipo fue descomunal, culminando fundido, algunos jugadores se retiraron sin poder más.

Había que pensar en el partido de vuelta pero Avellaneda ya era una fiesta, se vivía una locura por las calles, una multitud invadía la sede, la gente se subía en los techos de los transportes.

El Rojo aguantaba un gran invicto y debía defender el triunfo en Europa…

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