Pasiones domingueras

Pasiones domingueras

1ra Parte

A veces no nos damos cuenta que la vida está hecha de una suma de rutinas, algunas de las cuales se transforman en rituales.

Romperlos o sostenerlos es el dilema oculto en los desafíos del crecimiento personal. Rutinas, observancias, rupturas y traiciones se encadenan en una secuencia existencial.

Lo cierto es que domingo por medio a finales de la década del 70’ y por varios años, Ruben conjugaba: almuerzo tempranero, caminata hasta la casa de sus amigos, bondi desde Gerli a Plaza Avellanada, y las 5 o 6 cuadras llenas de cantos y color, hasta la doble visera. Ese era el templo de las emociones, las expectativas, la angustia, la ira, el desconcierto, la admiración, la alegría, el sufrimiento, el goce ……. Por aquellos años el goce superaba con creces a las demás sensaciones.

Sin embargo, sus obsesiones de esas semanas eran otras, los padres creían que la secuencia de bochazos en la facultad eran el origen de aquel mal humor. La realidad es que ya cercano a los 20 años, las dificultades para tener una relación sexual satisfactoria lo mantenían irritable, desconcentrado, incluso algo violento.

En aquellos años, la dictadura se empeñaba en perseguir la más mínima manifestación de erotismo, pero en el cuerpo de Ruben las hormonas hacían su trabajo, y festejar los goles de Bochini eran un desahogo parcial frente a las demandas de su anatomía.

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2da Parte

Alicia parecía salida de un cuento de Cortázar, ni muy linda ni muy fea, ya había superado los 30 años, y se mantenía soltera viviendo con sus padres. Empleada administrativa en un estudio contable, había decidido iniciar una carrera universitaria empujada por la insistencia de sus empleadores.

Ir y venir a la Facultad sumaba una actividad más, en secuencia infinita con otras, ajenas a toda pasión. Parecía que su “cuarto de hora”, había acabado antes de empezar.

Coincidía con Rubén en dos materias, pero la atención de ella en el dictado de la clase, y la de él en la rubia de adelante y en las páginas de El Gráfico escondida en la carpeta, los transformaba en dos extraños recurrentes. A veces, ni siquiera se saludaban.

Hasta aquel viernes fatídico, en que el profesor de “Impuesto a las Ganancias”, enojado por una tontera que ni siquiera es recordable, exclamó. “El lunes tienen parcial, desde la bolilla 1 a la bolilla 6 del programa, incluyendo los ejercicios de simulación que hicimos la semana pasada”.  Para Rubén era otro bochazo seguro, y un nuevo motivo de tensión con sus viejos, para Alicia un contratiempo con sus empleadores, seguidores atentos de la carrera que (parcialmente) financiaban.

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3ra parte

Se miraron con desgano, y a Rubén se le cayó una pregunta que en verdad no tenía mucho sentido: ¿estudias con alguien?

Alicia en su concritud fue para Ruben: fría, asertiva, desconcertante. Sin pensarlo ni un instante, le dijo: “hoy ya estoy cansada, mañana sábado a la mañana trabajo en un estudio contable, a la tarde tengo obligaciones con mis viejos en casa. Si querés te invito el domingo después de almorzar y hasta la cena tenemos 7/8 horas de estudio.”

La propuesta choca con la rutina futbolera, pero al mismo tiempo, era la primera vez que una mujer de modo directo le hacía un ofrecimiento de ese tipo.

Tal vez Ruben, en ese instante se hizo ilusiones vanas. Por suerte la propuesta estaba despojada de ninguna connotación sensual.  Se cruzaron los teléfonos (en aquella época fijos), y quedaron en llamarse al otro día por la mañana para concretar.

La barra de amigos de Ruben no era benévola con los incumplimientos, por tanto era mejor avisar que fallar.

El sábado se deslizó entre la concreción del encuentro del domingo, el aviso a los amigos, la búsqueda de unas fotocopias, etc;  el domingo plomizo de abril era la conjunción de todos los maleficios, no ir a la cancha por tener que estudiar.

La casa de Alicia, parecía un geriátrico bien mantenido, ajeno a todo sentido estético y regido por una pulcritud de tipo sanitario. Se acomodaron en el living, los padres de Alicia se fueron a dormir la siesta.

Ni a Ruben ni a Alicia les gusta particularmente el mate, pero es sabido que tanto en Argentina como en Uruguay funciona como una campana de largada de muchas actividades. Mientras Alicia preparaba el mate, Ruben le pregunto si podía poner “bajita” la radio, para seguir al rojo de Avellaneda. A ella le pareció ridículo, pero no quiso ser descortés y se lo permitió.

Ruben se vio en la obligación de decirle lo que sentía, de la expectativa semanal antes de cada partido, del ritual, de los amigos, de la incertidumbre del resultado, de los sueños, de los chistes a los rivales, de los abrazos eternos en los goles, de las gargantas quemadas ……. Mientras Ruben trataba de explicar lo inexplicable, mientras buscaba la cuadratura del círculo para intentar racionalizar su pasión, los ojos se fueron llenando de curiosidad, hacía mucho que ella no escuchaba a nadie poner todo su cuerpo, su integridad, su energía en defender algo banal y trascendente al mismo tiempo. Como un reflejo maternal se acercó a abrazarlo y él recibió el abrazo con intensidad, sus cuerpos se rozaron, y el resto es previsible, entre chirridos de sillas viejas, el silencio barrial del domingo y el lejano grito de gol (bajito) que desde la radio le ponía el nombre de Bochini a todas las pasiones domingueras.

@fabiojquetglas

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