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Columna de Opinion

Discépolo y el valor del hincha

Un día como hoy, en 1901, nació Enrique Santos Discépolo. No sé si fue hincha de Independiente, creo que no y tampoco me tomé la tarea de investigar con cual equipo simpatizaba, no tiene importancia aquí ese dato porque Discepolín supo retratarnos a todos en su maravillosa película El HINCHA estrenada en 1951 y vigente más que nunca.

Discépolo como sabemos, fue dramaturgo, compositor y poeta. Ocupa en nuestra historia un sitial privilegiado. Perdura en el tiempo, y seguirá así a través de sus letras y películas inolvidables.

El tango, del cual me confieso amante, porta una filosofía que le es propia con una manera única de describir la idiosincrasia y forma de ser porteña y argentina que nos trasciende y atraviesa a todos aún hoy.

Es simple aunque doloroso reconocernos en la letras de Cambalache como también emocionarnos con Cafetín de Buenos Aires en éstos días de encierro, distancia y ausencias, solo por citar algunos de los más famosos y significativos de su creación.

En El Hincha, Enrique Santos Discépolo se preguntaba: “¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo y romperse los pulmones en las tribunas hinchando por un ideal? ¿Qué sería de un club sin el hincha?, ¡seria una bolsa vacia!.- Se responde.

“El hincha es el alma de los colores, ese que no se ve, ese que da todo sin esperar nada, ese es el hincha… ese soy yo”. Dice emocionado.

La certeza que el mundo cambió y cambiará más aún es de las pocas o únicas cosas en la que la inmensa mayoría coincidimos lo cual es una oportunidad y fortaleza para encarar el futuro. En la vida privada y más aún en la vida institucional.

Asistí en forma virtual en estos días a un seminario sobre estrategias para el futuro. Confieso que me lleve una grata sorpresa. Las exigencias para los líderes o aquellos que pretendan liderar cambios son muchas, pero hay una condición que se les requiere con la cual coincido plenamente. La gente esperará y exigirá más que nunca que sean sensibles, que tengan la capacidad de escuchar con naturalidad a sus deseos y necesidades. No se les requerirá que tengan todas las respuestas, sino la capacidad de formular la preguntas más potentes. Pero esa potencia no es fuerza ni prepotencia. Esa potencia es profundidad en las preguntas para buscar las soluciones mejores.

Puede parecer una banalidad o un dato menor pero no lo es. Es todo lo contrario, “se requiere mucha fortaleza y grandeza para ser sensible” y más aún en cargos de dirigencia o liderazgo.

Las instituciones sabemos son grupos humanos que realizan una tarea común, llevan consigo un propósito social, funcionan a través de reglas y deben debe ser eficaces, pues en ella cada miembro tiene una función específica. Cada persona debe cumplir un objetivo que conlleve o alimente al objetivo general.

Es bueno echar mano al ejemplo conocido de una orquesta sinfónica: “un trompetista no puede crear una sinfonía, es la orquesta la que la crea. El trompetista, el violinista, etc. son especialistas en lo que hacen, ellos juntos colaboran para que el “conocimiento productivo”, elabore la música.

Quizás hoy debiera ser el Día del Hincha en homenaje a Discepolín. Poder celebrar entre todos esa fuerza arrolladora que sostiene y da fundamento a un club, a una institución: El hincha/socio.

Alguien cuyo nombre desconozco, en las redes sociales se tomó el trabajo a partir de la película de definir las leyes del hincha que deberíamos hacer propias como máximas:

Nada va por encima de los colores,
nunca perder las convicciones,
siempre sacar buenas conclusiones,
nunca se abandona.

Si alguien filmara nuevamente el Hincha yo le agregaría al texto de Discépolo: El hincha siempre está, lo único que pide a cambio es que no lo defrauden. Tan solo eso!

@clauavruj

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