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Columna de Opinion

Dicotomías sobre el renacimiento de la monarquía absoluta

El fútbol vuelve a Fase 1: la AFA fijó mayores restricciones por los brotes en la Liga Profesional

Parecía que el régimen proveniente desde la ferretería de Sarandí había sido abolido con el deceso de su monarca. Se creía que se dejaba la teoría de que el “Estado soy yo”. Se comenzó a pensar que los adoctrinamientos de los sofistas que respondían al todo poderoso habían quedado en el pasado para dar lugar a libres pensadores. Incluso, las exceptativas eran tan altas que se especulaba con saltear la Edad Media, la Edad Moderna y llegar a la era contemporánea, donde predominan, en términos generales, los gobiernos democráticos.

Sin embargo, con el 38-38 no sólo no se aprobó un examen de matemática de segundo grado de primaria, sino que se produjo una serie de descalabros institucionales en los últimos años terminaron con el regreso del absolutismo. La figura del rey, quien todo lo puede y que nadie criticará.

Se perdió una oportunidad histórica para creer que la Asociación del Fútbol Argentino no era un fiel reflejo del totalitarismo que se observa en las distintas instituciones del país. Tras la Comisión Normalizadora, se llegó a la Superliga, un ente el cual nadie le tuvo demasiada fe.  Fue crónica de un final anunciado. Nunca fue bien recibido acatar directivas de un organismo ajeno a los manejes de Viamonte al 1300.

No hay pruebas para creer que vuelve el látigo y la chequera, que regresarán los viejos vicios de una AFA poderosa, que empodera a sus patricios y castiga a los plebeyos. Sin embargo, hay fundamentos sólidos para creer que se retornará a un mandato de pensamiento único, con una distribución del ingreso que será acorde al desenvolvimiento de los miembros del reinado. No tendrá las mismas regalías aquel dirigente que satisface los intereses del Rey, en comparación con aquel que se encuentra abocado a otros asuntos ajenos al fútbol. Mismo análisis para aquel directivo que cree poder ocupar dos tronos al mismo tiempo. El fútbol es un Estado con reglas propias. No siempre quien se crea rey en su condado, podrá prevalecer en otra tierra. Seguramente se encuentre con que no tendrá ningún súbdito, que nadie le dará “si señor”. Será un siervo de la gleba más dentro del campo liderado por los señores feudales.

Deberá tomar nota esto Independiente de cara al futuro. Cuesta creer que un cargo honorifico por trayectoria a la carrera sindical alcanzará para tener real peso en un gobierno que cuenta con un gabinete plagado de dirigentes especializados en cada área que tiene la AFA, que conocen cada uno de sus rincones.

La sorpresiva reelección, sin oposición, del nuevo presidente de AFA significa la vuelta de un empoderamiento total. La suspensión del torneo de primera división, con la consiguiente clasificación a las copas y el cese de los descensos, establece un apoyo incondicional de la gran parte de los clubes. Mismo razonamiento para la segunda categoría, donde sólo San Martín de Tucumán desafía con recurrir a organismos internacionales para obtener su ascenso, aludiendo a que no se tomó con la misma vara a la ex B Nacional, que deberá resolver su futuro en la cancha, a diferencia de un “escritoriazo” sin precedentes en la elite.

Es sumamente particular ver como Vélez, en Primera, y Atlanta, en la B, (ambos perjudicados por esta medida), levantaron sin remordimientos la mano para “votar” a Claudio Tapia. Ya no habrá látigos y chequera, premios y castigos, pero si habrá un ida y vuelta que, tarde o temprano, beneficiará a toda la primera plana que tiene en su tropa el Rey. ¿Dónde está Independiente?. Sí, votó a favor. Estamos de acuerdo. Ahora, ¿Realmente Independiente es tenido en cuenta en las decisiones?. El que mucho abarca, poco aprieta, dicen algunos mal pensados en los pasillos, donde antes funcionaba la sucursal de la ferretería.

Saliendo del panorama político, e ingresando a lo que se vendrá en materia de juego cuando se habilite el fútbol a raíz de la pandemia del coronavirus, Independiente tiene que capitalizar el momento, tal como se mencionó en una crónica atrás.

Si bien se desconoce cuándo se regresará al ruedo y, por lo tanto, qué formato tendrá el certamen, la certeza es que no habrá descensos.

En medio de cifras al rojo en vivo en materia de gastos, más teniendo en cuenta contratos que fueron otorgados con dólar libre en un país con una devaluación año tras año, las omisiones que pueden existir para dejar “salir” a jugadores de los planteles representa una oportunidad única para el club.

No habrá otra ocasión como la actual para decirle adiós a los Lucas y Braian Romero, a los Gaibor, a los Leandro Fernández, a los Alexander Barboza y a los Cecilio Domínguez, exponentes de un derroche de dinero irracional.

Es cierto que Independiente busca “salvar” los próximos años con la posible continuidad de la Copa Sudamericana. Ahora, hipotecar nuevamente al club por “una probabilidad” de tener chances en ese campeonato, no debería ser lo correcto. Acomodar las cuentas con contratos cumplibles, y en pesos, tiene que ser la prioridad. Quien esté de acuerdo, seguirá. Quien no, buscará destinos exóticos y limpios del Covid-19 para ganar las divisas que en la Argentina no se pueden adquirir de manera oficial.

No se trata solamente de fomentar a las promesas que sobresalen de las juveniles. Esa es una parte importante que Lucas Pusineri ya viene probando y que dan resultados alentadores. Son un complemento de un plan que debe incluir a algunos referentes que tengan vigencia y el refuerzo de algunos jugadores con oficio y no tanto cartel. Se deberá dejar de priorizar la cantidad de visitas de compilados de 5 minutos por You Tube para poner de verdad la opinión del manager, Jorge Burruchaga, y sus asesores. Uno desea que la corporación de los dueños del fútbol no tenga tanta vigencia en Independiente. Son dolorosos los recuerdos del paso de los últimos grandes representantes que pasaron por Independiente de la mano del ex entrenador de Hockey y del co responsable del fracaso de Rusia 2018.

Con criterio se puede reacomodar a un plantel desmotivado desde lo futbolístico y económico. Que no confunda el término “austeridad”. No necesariamente esa palabra signifique que se tenga un plantel mediocre. Bastante mal nos fue con nombres rimbombantes que todavía no pagamos, a pesar que se fueron hace una década.

Ante esta crisis económica global, Independiente tiene la oportunidad única de desprenderse de la peste. Saldrá de la pandemia con la vacuna que te habilita tácitamente el nuevo sistema. Si hace caso a los especialistas tendrá la solución para salir de la malaria.

Son una de las pocas ventajas que te otorga el renacimiento del totalitarismo, que aprovechó el coronavirus para crear una fortaleza más robustecida que nunca. A nadie le importó que se acaba de aprobar el torneo menos interesante de la historia moderna del fútbol argentino. Invendible para el mercado interno y ni hablar para el resto del planeta fútbol. Tampoco parece sorprender a ninguno que clasificaron por decreto a las copas una decena de equipos a diez meses del inicio de las copas internacionales, aún con la posibilidad de que haya fútbol en septiembre. Menos resulta relevante que el ascenso tenga un insólito razonamiento opuesto. Parecería que están inmunizados los jugadores de la B Nacional, que deberán resolver el ascenso en la cancha.

El derecho divino fue otorgado esta semana al nuevo rey. Difícilmente haya cambios sustanciales a esta doctrina. A lo sumo, habrá influencia de los cleros, de aquellos fieles que están en el día a día de la AFA. Independiente saca chapa de un prestigio político que en Viamonte no tiene galardones. El Rojo parece haber quedado afuera del castillo.

@nicogallaok

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