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Columna de Opinion

La cruel realidad

Independiente es menos que Gimnasia de La Plata y ahora menos que Huracán, los dos peores equipos del torneo junto a Godoy Cruz. No solo porque ambos partidos fueron perdidos sino porque en el desarrollo tanto el “Lobo” como el “Globo” hicieron más méritos y se lo llevaron con coraje.

No genera ninguna sorpresa esta caída en el Ducó. Era, incluso, previsible. La agónica clasificación ante Fortaleza podía significar un envión anímico importante para el equipo, siempre y cuando se ganara este lunes con Huracán. Pero, las dudas, el pésimo juego y la falta de valentía sobrevolaron Parque Patricios. Nada cambió, empeora fecha tras fecha.

En la crónica anterior, en medio de tanta algarabía por una clasificación más apegada a la fe que a la realidad, se remarcó que superar de ronda en la copa podía ser contraproducente al foco que este plantel debía hacer sobre su futuro más inmediato. Se pidió que el árbol no tape el bosque. Si bien la agenda de la Sudamericana es mucho más generosa que la Libertadores, Independiente no tiene cantidad de jugadores ni aptitud para poder afrontar dos compromisos. No hay un argumento real, más que los jugadores se lleven alguna prima en dólares, para considerar que es positivo competir en el certamen internacional.

Lo ocurrido el jueves pasado fue un simple calmante que anestesió algunos días una dolencia que parece no tener un remedio efectivo. No iba a ser la solución. Se trató de una curita ante una herida que amerita otro tipo de tratamiento.

Todos nos emocionamos con la mística. Todos nos ponemos románticos de una impronta que nos caracteriza en el mundo. Pero, Independiente no está para pensar en comer caviar cuando no logra las cuatro comidas diarias. El “Rojo” no puede pensar en multiplicar cuando no sabe hacer simples sumas y restas.

Cuando parece que no hay nada más abajo, el plantel parece desafiar las leyes de la física y se hunde en un agujero negro indescifrable. Quedar afuera de las próximas competencias internacionales, será un lamento que solo afectará a los exigentes.

Independiente no sólo deberá hacer malabares para afrontar el turbulento presente económico e institucional que atraviesa. Torneos como estos obligan a una reconsideración de los objetivos para el equipo para la próxima edición del campeonato doméstico. Deberá sumar para evitar la reaparición de algunos fantasmas.

La gran pregunta es cómo se hace. Por donde se comienza. No hay ningún cimiento fuerte. Parece que el suelo fue avanzado por un terremoto. Independiente no tiene ni un botiquín de primeros auxilios para atender la urgencia. No hay respuestas en los titulares, ni en los suplentes. El cuerpo técnico parece apelar más a fotos de familiares que a repensar porqué pone a jugadores insostenibles como Domingo Blanco y Lucas Romero. Entusiasma los Velasco. Pero no hay que esperar ningún salvador. Podrá ser un “Kun Agüero” en su respectivo momento. No hay que cargar las expectativas en un joven de 17 años.

Quizás, entonces, apelar a la espiritualidad termine siendo el camino. Ante nulidad de razones válidas para pensar en una recuperación, debemos creer que lo mejor es aferrarnos al milagro. A que exista un peor equipo que Huracán y Gimnasia. Se ve difícil. Se tendrá que considerar multiplicidad de religiones y a una infinidad de imágenes de parientes. Por qué no analizar llevar crucifijos como pidió Maradona en el Bosque.

Son sólo expresiones con cierto sarcasmo ante el escepticismo que predomina en el aire de Independiente, donde falta el oxígeno. Independiente pidió ir a la esquina del ring a reponerse en el primer round. Tras los partidos con Boca y River, Independiente se siente agotado en todos los aspectos. Si hubiera una toalla blanca quizás se tira porque el “Rojo” parece no poder sacar una mano más. Recibe golpe tras golpe y “madura el nocaut”. Es imperioso que exista una reacción. Ganar como local ante Central Córdoba y en especial volver al triunfo en el Libertadores de América podría ser ese punto de inflexión para salir del asfixio.

Ya no se trata de que es un rival “accesible” o no, como hasta hace no tanto se creía. Independiente comprobó que puede perder con todos y sin hacer mucho esfuerzo el rival. Se lo propone y gana, casi sin intentarlo demasiado. El auto boicot seguirá estando si se sigue utilizando a jugadores que deshonran la camiseta con su displicencia. Más aún quienes recibieron bolsones con miles de dólares de sus respectivas compras.

En medio de un clima de crisis, este plantel deprimido, el cual se autoflagela todo el tiempo, tendrá que levantar la cabeza y salir a ganar el domingo. De la manera que sea. El triunfo es prioritario para asomar del pozo y escaparle a la oscuridad.

Foto: NA

@Nicogallaok

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