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Columna de Opinion

Otro duro golpe de realidad

Errar es humano, perdonar es divino, dice un viejo dicho.

En lo personal creo siempre en la posibilidad de superar los malos momentos que nos ocurren ya sea por errores propios o ajenos.

La dificultad está cuando se instala la duda de la intencionalidad y la dimensión del error pasa a ser otra.
Es solo fútbol, y se puede decir que no vale la pena perder tiempo cuando nuestros problemas mundanos son enormes y gravísimos, donde la vida y la muerte se juegan a cada instante.

Pero quizás, porque el mundo que nos toca es así, es que la tristeza y frustración de ayer es más grande que el enojo.

Porque el fútbol sigue siendo ese espacio único que produce ilusiones y genera sentimientos que son muy difíciles de explicar. Suceden.

Cada partido lleva al hincha a aislarse en sus pensamientos y existencia y a esperar obligado hoy en la distancia, un rato de alegría que lo saque de sus preocupaciones y miedos.

Algo que le pinte una sonrisa. Pero no.

La realidad de una institución que a fuerza de irrespetarse y descuidarse logró que se le falte el respeto y se la maltrate y es la que permite que nos invada el enojo y se profundice la frustración.

Independiente hace tiempo que no es Independiente en la cancha, y no lo es porque primero dejó de serlo en el mundo de la dirigencia.

Por acción u omisión desde hace tiempo que dejó de pensarse como institución grande y en su gente, para hacerlo sólo en función de intereses personales y en dimensiones lógicas de poder. Los últimos 30 años han sido así. Nada cambió en ese tiempo y los mismos actores de siempre siguen en escena.

En la Argentina Berretalandiaa como dice un reconocido economista, es lógico que pasen cosas groseras como lo de Vigliano ayer.

En la Argentina adormecida como define una excelente periodista, es lógico pensar que nada sucederá. Solo se agrega una mancha más al fútbol, de las que no se quitan. El público sólo espectador.

Seguramente con los días vendrá la disculpa de Vigliano. Dirá con gesto de preocupación y entre risas cómplices: también nosotros nos equivocamos a veces.

Será difícil creerle. El daño ya está hecho. Y no es solo un resultado. El perjuicio es que le arrancan al fútbol, al juego, su belleza y la alegría de su espontaneidad. Total que importa la gente.
Pero no nos engañemos más. Es hora de mirar hacia adentro.

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