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Columna de Opinion

Pusineri y los diez mandamientos

Amarás a Independiente sobre todas las cosas. Honrarás a la camiseta. No cometerás actos impuros. No darás falso testimonio ni mentirás ni consentirás pensamientos ni deseos impuros. Son algunos de los diez principios fundamentales que cita esta crónica, sin deseo de herir ninguna susceptibilidad religiosa, para explicar el comienzo de la era Pusineri.

En el inicio de su mandato, asombra el crepúsculo. Se vislumbra una claridad dentro de tanta oscuridad en estos últimos dos años sombríos. Resultará exagerado porque los resultados no lo reflejan por completo, pero el Independiente versión 2020 presenta un cambio de cara evidente. Apoyado por algunos momentos de buen juego, se observa un plantel laborioso que sigue al líder, quien levanta la espada y marca el camino, que estará diseminado de obstáculos y contratiempos.

El mensaje comienza a avizorar tras un periodo de pensamientos difusos, de una desorientación generalizada. De un autoritarismo que se extendió bajo dos gestiones anteriores en la dirección técnica. De un discurso que contrastaba con la realidad partido tras partido y que nos dejaba el interrogante bajo que realidad estaban sumergidos. Uno de ellos perdió la brújula, el otro se creyó que la tenía.

El uso de algunas de estas máximas muestra el fundamento ético que busca inculcar en un equipo en el que carecen las figuras y los recursos, pero en el que prevalecen el concepto y el compromiso. Trabajo mata relato. Y eso se festeja. No hacen falta una decena de analistas de video y de excéntricos, y onerosos, asistentes para una planificación adecuada. No hace falta creerse un revolucionario cuando los fracasos están a la vista, tanto en Avellanada, Chile o en Rusia en 2018.

Lejos de aquellas conducciones de despilfarro sin sentido, de un juicio errático, llegó el orden y progreso manifestado en la primera de mis participaciones. La austeridad en materia de recursos no conlleva siempre dificultades. El valor del mensaje y de la necesidad de unir a un plantel agrietado por la herencia recibida son puntapiés que se dieron en estas semanas.

Se observa un mejor nivel colectivo e individual. Ráfagas que nos hacen acordar al Independiente de 2017. Son escasos destellos, pero que alcanzan a clarificar algunos resultados. Desde ya está claro aclarar que el encuentro con Rosario Central no es una vara sustancial para enfatizar en una recuperación integral. Sin embargo, las buenas presentaciones ante Boca y River y la victoria del último sábado dan cuenta de que los resultados progresivamente se consiguen.

El Reformismo que lleva adelante Pusineri es efectivo. Menos muchas veces es más. El mandato minimalista del técnico atrae. No avanza cinco casilleros cuando todavía está en el primero. No inventa nada raro. El inodoro en el baño, el horno en la cocina. Tampoco improvisa esquemas ni cambios extraños.

El altruismo del entrenador produce que haya una mayor conexión, incluso de aquellos que veíamos perdidos en el sendero: Gastón Silva, Lucas Romero, Leandro Fernández, Cecilio Domínguez, entre otros. También empieza a recuperar a quienes habían perdido su luz: Martín Campaña, Fabricio Bustos, Juan Sánchez Miño y Alan Franco. A su vez, tampoco le tembló el pulso para dejar afuera del banco a Martín Benítez y otorgarle la capitanía a Silvio Romero, a quien se lo observa por primera vez comprometido. Lejos de los excesos y las lesiones, el goleador del “Rojo” muestra otra impronta. No es casualidad.

No busca ser una reseña que quiera marcar un éxito cuando todavía es un proceso prematuro. Sí pretende explicar que hay un convencimiento de la idea. Existe evidencia de ello.

Además del trabajo físico y táctico, hay un plan progresivo, mucho más lógico y viable que conlleva prosperidad. River siempre es un reflejo necesario, al menos en la interpretación de este autor. Su plantel se encuentra absolutamente convencido de la causa y es consciente de la competitividad interna es sinónimo de crecimiento. En Independiente se comienza a entender. Desde ya que River se encuentra en otro estadío. Básicamente en otro nivel. Por eso es el mejor equipo del continente.

Los cimientos comenzaron a dar forma a un Independiente que hasta ahora era ateo, escéptico a una serie de doctrinas que fracasaron. Por eso innumerables jugadores se quisieron ir durante este tiempo o no quisieron llegar. Por ese motivo, el hincha se alejó a un plantel que hasta hace poco acompañaba sin miramientos. Es momento de volver a creer. Solo eso.

@Nicogallaok

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