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Columna de Opinion

Ariel Holan, el hombre de las dos caras

A un año de aquella salida de Ariel Holan como entrenador de Independiente, siguen apareciendo las mismas preguntas acerca del por qué en el club hay una matriz autodestructiva. Una patología que no discrimina por franja etaria ni clase social.

Ante ese diagnóstico psicológico, surgen otros interrogantes. ¿Es el miedo al éxito? ¿es simple incapacidad en el manejo de las situaciones? ¿el problema es netamente de los dirigentes? ¿Era un simple espejismo ese merodeo con la gloria?.

Probablemente haya una respuesta para cada una de esas dudas, que en más de una ocasión ocuparon nuestros pensamientos tras estos dolorosos procesos emocionales y deportivos que afrontamos durante las últimas décadas.

El paso del el ex entrenador de Hockey representa esta ambivalencia. Su etapa fue tan exitosa como reprochable. Fue el hacedor de un equipo que quedará en los recuerdos del hincha rojo por la recuperación de la mística y las conquistas, y será recordado como uno de los responsables de un despilfarro sin precedentes que sólo originó un descalabro inmanejable, transformando ese presente de ensueño en un pozo depresivo en lo futbolístico, que aún desconocemos su real profundidad.

Referenciando al zodiaco, Holan representa las dos caras de Géminis, un signo tan amado como odiado por sus particularidades. Es un técnico actualmente tan alabado como defenestrado, por propios y ajenos. En ambos casos hay razonamientos validos. Es propicio mencionarlos con algunos conceptos en esta crónica para ser justos con la etapa del actual DT de la Universidad Católica de Chile.

El ex técnico de Defensa y Justicia recobró con mucho trabajo, y un formato moderno, el sentido de pertenencia que todos los hinchas de Independiente tenemos. No por el hecho que no lo sentíamos antes, sino que pudo recuperar nuestro estilo de juego, nuestro respeto nacional e internacional. El saludo histórico es la imagen más gráfica del concepto. De pierna fuerte y templada. Y mucho juego. Si bien hay mérito de Gabriel Milito en la elección de algunos jugadores, y es un dato que no se debe olvidar, Holan convirtió la teoría en práctica.

Le dio forma a su idea y capitalizó una depuración del plantel con la llegada de algunos jugadores que pudieron acomodarse rápidamente. Nicolás Domingo, Emmanuel Gigliotti, Gastón Silva y Fernando Amorebieta fueron sus principales aciertos en esos dos mercados de pases de 2017.

Fue absolutamente sobresaliente cómo pudo plasmar su plan de juego en un equipo que partido a partido fue construyendo un estilo vertiginoso y sólido al mismo tiempo. Pudo conjugar verticalidad, presión alta en todas sus líneas y sin fisuras. El uso de los drones era la única crítica que llegó a recibir Holan por aquel entonces desde algunos puristas del rubro. Sus ideas innovadoras sirvieron para plantear estrategias en defensa y, en especial, en ataque que fluyeron muy bien, especialmente en los partidos de Copa.

Sentido de pertenencia, un pulido formato de juego y esplendidos rendimientos individuales hicieron entusiasmar a todos con que era posible pensar en grande. Ya no eran algunos destellos en partidos particulares. Era una consecución de fechas que el volumen de juego crecía y crecía, proporcionalmente a las expectativas del hincha, que recuperaba el concepto de “volver a creer en algo”. Ya no había escepticismo y resignación. Holan le dio vida a Independiente, junto a su cuerpo técnico, entre ellos con la gran labor del profesor Kohan que hizo de esos jugadores verdaderas atletas en ese año.

Ante estas consideraciones unánimes dentro de la comunidad roja, la misma inercia hizo que Independiente recupere su memoria y su mística. Más allá de muchas exhibiciones de fútbol, ese plantel tuvo el coraje necesario para sobrellevar momentos difíciles como ante Atlético Tucumán, donde salió victorioso entre tanto batallar.

La consagración en el Maracaná fue el broche de oro a un año prácticamente perfecto. El “Rojo” fue campeón jugando con una autoridad comparable con el temperamento de los gloriosos Independiente que aparecían en las antiguas revistas El Gráfico. Sin Bochini en la tapa, claro.

Sin embargo, el miedo al éxito, o bien no saber administrar el éxito, suelen ser un arma de destrucción masiva. Todo ese esplendor que ponía a Independiente nuevamente en la mira de todo el mundo fútbol fue dilapidado en poco tiempo.

El empoderamiento que tuvo la dirigencia para la figura de Holan terminó provocando un caos de proporciones inéditas. El hacer “todopoderoso” al ex técnico especializado en córner cortos produjo un sinnúmero de consecuencias y, algunos casos, desnudó una interna que muchos omitieron. En el fútbol argentino es común tapar “las malas noticias” cuando es bueno el presente futbolístico. Parte del periodismo deportivo no suele hacer demasiada autocrítica al respecto. Resulta raro que nadie estaba al tanto de las actitudes y acciones que cometía Holan cuando comenzó a tener voz en Independiente.

A los días del título, Holan renunció “por temas extradeportivas”, aludiendo a dificultades que atravesaba con la barra brava del club. Aseguró tener miedo por la integridad de su familia. Una posición claramente atendible ante el accionar del despreciable “Bebote” Álvarez. Lo que llamó la atención fue su cambio de postura días después. Pareció que con un par de patrulleros de la Policía bonaerense alcanzó para regresar.

Sin embargo, obtuvo algunas cosas más. En su peculiar renovación, fue más allá de pedir un aumento lógico de sueldo y de presupuesto para reforzar al equipo de cara a los compromisos internacionales. Consiguió nada más y nada menos que “la famosa llave”. Contó con una “caja” de contrataciones casi sin precedentes (salvo el caso posterior de Beccaccece) y desplazó a todo aquel que le cuestionaba alguna medida. La salida del profesor Kohan evidenció una interna que, sin echar culpas a ninguno, mostraba cómo Holan se quedó casi solo.

El nivel de soberbia de Holan fue directamente equivalente a sus equivocaciones a la hora de elegir refuerzos.

El derroche inescrupuloso llegó en ese inicio de 2018 con el arribo de Emmanuel Brítez, Braian Romero, Jonathan Menéndez, Fernando Gaibor, Gonzalo Verón y Silvio Romero, la principal figura que sí tenía un nombre aunque contrastaba con un puesto que ya estaba ocupado (y muy bien) por Gigliotti. Después le siguieron los casos de Ezequiel Ceruti y Francisco Silva como más claros exponentes de la abusiva delegación de poderes.

No obstante, Holan, quien ya en ese momento era técnico, manager y casi presidente, no solo se ocupó de utilizar la billetera para hacer lo que quiso, sino que, ya empoderado, echó a todo aquel que se atrevía a apuntar algo.

Aún así, en ese 2018 también se taparon una serie de situaciones por el logro de la Copa Sudamericana. El fin justifica los medios, para muchos. Siguiendo esa idea, se dejó de lado toda aquella cohesión y sentido de pertenencia. Se priorizaron los arreglos espurios y los malos resultados no tardaron en llegar. Tras una digna participación en la Recopa, todo fue en picada para Independiente. Se cayó del acantilado apenas lo había subido, en una caída que todavía sufrimos.

Holan se creyó su propio relato y afianzó una grieta entre jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas. En sus declaraciones, el equipo demostraba la misma plenitud que en el 2017 pero “por detalles” se perdían. Así, una y otra vez. Aquel que se atrevía a preguntarle por algún error, era hostigado en cada conferencia de prensa. Lo mismo con aquel dirigente o ayudante de campo que osaba por remarcar algo. Un autoritarismo insólito que acabó con un relato que sólo se sostenía por el exagerado crédito favorable que generaba el título en Brasil, lo cual no era menor.

El 2018 transcurrió entre fracasos y un desgaste inmanejable de relaciones, que se siguieron tapando debajo de la alfombra ya que muchos seguían sonriendo viendo una imagen de un plantel que ya no existía. Si bien muchos de sus protagonistas continuaban en el campo de juego, era sólo un espejismo. Era una imagen borrosa de un Independiente que ya no tenía brillo. No recordaremos más de 2 o 3 partidos que ese equipo pudo emular al rojo campeón. Es gracioso como Holan utilizó la copa bancaria de Japón para usarlo como argumento de buena gestión durante ese año. Sin embargo, se quedó sin monedas en el casino. Ya no tenía más forma de sostener un discurso que se desplomó de una manera evitable. Nadie quiso que Holan tenga que ser echado por malos rendimientos, por escandalosos mercados de pases y un comportamiento con su entorno que rozó el maltrato.

Fue crónica de un final anunciado. Un final triste para una historia que debió haber sido todo ganancia para Independiente. Quedará para la historia aquel equipo, aquella hermosa consagración en el 2017. Pero, también se deberá recordar cómo empoderar a un técnico destruyó todo como un castillo de cartas en menos de un año. El rojo pasó de ser el mejor equipo de la Argentina, con ese famoso patrimonio multimillonario que tanto se ostentaba en cada derrota de 2018 para evitar las críticas, a ser un club con jugadores que perdieron su cotización, un club con deudas inviables y un rendimiento para el olvido.

¿Cuál fue el Holan verdadero? ¿Aquel que transformó en oro todo lo que confeccionó con tanta dedicación y esfuerzo en su primer año? ¿O aquel que se dedicó a los negocios, los caprichos y las excusas para justificar lo injustificable? ¿O ambas cosas?. Yendo a lo ineludible que es la realidad, Holan pasó de ser codiciado por muchas selecciones y equipos poderosos del exterior a encontrar trabajo en un equipo de mediano orden del fútbol chileno. Es un claro ejemplo de cómo el éxito obnubila a muchas personas en muchas facetas de la vida.

Está claro que todos nos equivocamos. Ya sea Holan como quien designó toda su confianza en él. Lo importante para todos es aprender de aquellos errores y evitar caer con la misma piedra, tal como pasó con la llegada de Sebastián Beccaccece, donde se volvió a hipotecar al club de una manera insólita.

Lo mejor será quedarnos con ambas caras. El Holan, amo y señor de la recuperación de la mística copera, de un título que nadie olvidará. De aquel técnico que logró un resurgir deportivo a un gigante dormido, siendo uno de sus principales sueños como hincha. Pero también deberemos tener presente la figura de alguien que hizo del capricho y del látigo, una forma de gobernar por tan solo haber conseguido una copa. Por ese relato y la responsabilidad de los dirigentes, hoy Independiente afronta una pesada herencia que ya no es culpa de Javier Cantero.

Su vuelta dependerá de su maduración como entrenador. Quizás el tiempo volverá a unir a Holan con el rojo. Todos esperamos con ansías que eso ocurra, siempre y cuando acepte volver como técnico, y nada más que eso.

@nicogallaok

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