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Columna de Opinion

Chau Pinocho

Nunca me imaginé a un hijo mío de otro equipo que no fuera Independiente. Suena egoísta, pero desde el día en que nacieron tuvieron su carnet al lado de la cuna, su camiseta y los artículos más absurdos que se te puedan ocurrir, pero siempre con su diablo impreso o el ” Rey de Copas” de lado a lado.

¿Pero como educarlos para que no se te tuerzan en el camino? ¿Como hacer en época de vacas flacas que entiendan todo lo que su camiseta significa?

Una noche, cansado de las mismas historias de Pinocho, Rapunzel y todos esos personajes de fantasía pensé “¿Por qué no contarles esas historias tan increíbles como las de los cuentos? ¡Y tan reales como sus personajes!”

Y así fue como arrancamos con un grupo de jóvenes que no podían jugar con sus compañeros de tienda, y no tuvieron mejor idea que fundar su propio equipo y llamarlo Independiente.

Y poco pasó para hablar de un tal Arsenio, capaz de saltar más alto que cualquiera y mantenerse en el aire lo necesario para que la pelota bese su cabeza y la red se infle. Y fueron pasando, los 6 goles al Real Madrid en el Bernabéu, la levantada de un 0-2 al Santos de Pelé en Brasil, las 4 Libertadores al hilo, y el nacimiento de un sobrenombre que al día de hoy está más vivo que nunca, El Rey de Copas.

Las noches iban pasando y cada relato era más impresionante que el anterior. Otros héroes, la misma camiseta.

Y llegó aquella historia que tuve que repetir varias veces. La de 8 locos que ganaron la final con 3 hombres menos a un país entero, con un tipo más loco que ellos que les dijo “Vayan, sean hombres, jueguen y ganen”.

¿Como contarles que aquel petiso pelado que suelen ver en el Libertadores de América es el más grande de los superhéroes? “Papá ¿Ese es el Bocha de los cuentos? ¿El mismo que le ganó a los piratas en Japón? ¿Ya no mide 3 metros y le sale fuego de los ojos?”

Nunca se terminaban los capítulos de un libro que tengo en mí cabeza, siguieron muchos más, las zancadas del Palomo, el equipazo del 94, la máquina del 2002, ganarle como sea al vecino, historias reales con finales insólitos.

Pero ellos necesitaban vivir sus propios cuentos. Y así fue como un día vieron ganar en la cancha de al lado ese partido que siempre querían ganar. Pero para hacerlo más emocionante le jugamos con suplentes, uno menos y con el entrenador de arqueros en jogging. Ese día no salimos campeones de nada. Pero entendieron todo.

Hasta que un día le tuvieron que dar un beso a papá, y en ese abrazo le hicieron un pedido “papi, traenos la copa”. Papá se iba con 4.000 amigos al mismísimo infierno, el Maracaná, nuestra segunda casa. Del otro lado, 80.000 saboreando el campeonato con sed de venganza. Historia repetida, otra vez campeones. Pero esta vez, la vivieron.

Así fue como los Pinocho, las Blancanieves y sobre todo, los enanitos de celeste y blanco dejaron de existir.

Y Colorín Colorado, esta historia no ha terminado.

@S_Sposato

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