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Columna de Opinion

De padres e hijos rojos

Sebastián Girona – Psicólogo especialista en vínculos.

Es cierto que cuando el Rojo hace un gol te podés abrazar con cualquiera. Es un momento de tanta emoción que te abrazás con el que tenés al lado, sea quien sea, porque es un instante en donde el tiempo se detiene por lo menos un momento. Pero es verdad también que es mejor abrazarte con la persona con la que fuiste ese día a la cancha, y mejor que mejor si fuiste con tu viejo, o si el padre sos vos y fuiste con tu hijo.

Pero todo empieza antes. Ya caminando por Alsina hasta llegar a Cordero (hoy Bochini claro) se inicia el ritual de hablar de las hazañas de otros tiempos y de las noches inolvidables de copa. Hablar del Bocha, de Maranga y tantos otros. Esas cuadras son un curso acelerado sobre mística y gloria, acompañado por el aroma a choripan como telón de fondo.

Es increíble que todavía exista gente que piense que el futbol consiste en 22 tipos pateando una pelota solamente. ¿Cómo no se enteraron que el Rojo muchas veces refuerza los vínculos, une y acerca padres e hijos, primos, hermanos y lo que sea, que genera un momento de conexión indeleble entre futboleros, que marca la historia de ese vínculo para siempre?

Todos conocemos la regla máxima: “podés cambiar de pareja, podés cambiar de trabajo, de amigos o de carrera, pero el equipo del cual sos hincha no se cambia nunca más, es para toda la vida”. El Rojo es la herencia no material más valiosa que mi viejo me dejó. Marcó mi identidad y mi forma de ver el fútbol a fuego y para siempre. Este legado, el más preciado, me acompaña y me acompañará toda mi vida y además me representa un gran desafío: trasmitírselos a mis hijos. Ellos lo tienen claro, pueden elegir lo que quieran ser en la vida, pueden estudiar y trabajar de lo que sea pero hay algo que no se negocia y es de que equipo son. Y aunque ningún club se salva de momentos bravos y feos, cuando sos del Rojo no podes dejar de prestarle atención, no puede no interesarte ni aunque lo intentes.

Después del partido nos vamos escuchando los comentarios por la radio y el análisis casero de lo que sucedió en el encuentro con buen o mal humor, según el resultado de turno. ¡Ritual completo!

Siempre quedará en mi memoria un gol del bocha en la vieja Doble Visera al lado de mi papá. El gringo Giusti para Bochini, que se la devuelve rápido; Giusti se la da al Percu y este de nuevo para el Gringo que la abre por la izquierda para la Porota Barberón, con esa dinámica explosiva que tenía el mejor equipo que vi en toda mi vida. La Porota encara y se mete hasta el borde del área y cuando lo bajan se la deja al Bocha, quien con su varita mágica la suelta por encima de Writz, quien al día de hoy todavía no sabe bien como el pelado pudo haber hecho eso. El gol no era lo más importante, más allá de la genialidad del Bocha contra Racing en uno de los goles más lindos de su carrera, lo más importante fue fundirme en una abrazo inolvidable con mi viejo.

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