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Columna de Opinion

El día que todos gritamos Gatti corazón

Me puso bien saber de la recuperación del Loco Gatti, su estado delicado me entristeció. Quizás porque uno se queda eternizando en esa imagen siempre joven que nos regalaba, con sus vinchas, buzos de colores, pelo teñido, el bronceado en pleno agosto y sus formas. Incluso imaginando ese golazo de arco a arco de la histórica publicidad de Ginebra Bols que hizo furor en su momento.

Será difícil, estoy seguro, encontrar a alguien que lo haya visto jugar y que no lo recuerde con afecto, simpatía y admiración.
Sin dudas estarán los que con el paso de los años lo recordarán con una sonrisa por los goles inverosímiles que lo tuvieron como protagonista, otros por partidos memorables como el del triunfo de la Selección Argentina en Moscú bajo la nieve y él con una petaca junto al palo, otros muchos como yo admirados de haberlo visto salir gambeteando, dormirla con el pecho, en área grande, bajarla con una mano en un centro envenenado o hacer la “de Dios” que él inventó y que pocos pudieron imitar, y la mayoría por su estilo, su forma, su alegría.

Sin dudas el Loco, a quien también se lo llamó el Beatle en sus principios fue disruptivo y un provocador siempre. El mismo se refería sobre sí mismo como “el mejor” sabiendo que eso dividía aguas. Me río aún hoy cuando recuerdo que mi viejo decía que era “un compadrón”. Su bronca fue que se atrevió a querer reemplazar a Amadeo.

Yo lo vi varias veces en la Visera. La primera vez fue en Octubre del ’71, y él atajaba ya en Gimnasia tras pasar por Atlanta y River. Ese día salimos campeones del Metropolitano, superando a Velez Sarsfield por apenas un punto, y su imagen volando en la puerta del área grande para evitar el envión del Pato Pastoriza para el segundo gol la tengo bien guardada en memoria. ¡Como olvidar un cara a cara entre el Pato y el Loco y el festejo del campeonato!. ¡Dos gigantes!

Después lo vi jugando para Unión, pero el recuerdo más fuerte que tengo es el día de la lesión que sufrió en el primer tiempo al chocar con Astegiano el 9 de Independiente de ese día y que venía en racha goleadora. Fue exactamente el 11 de abril de 1976 ( justo 44 años atrás). Era el temido Boca del Toto Lorenzo, luego ganador de todo. Campeón ese año. Fue la primera vez que yo lograba ir a la platea. Me había llevado el Gallego Sánchez, un tipo magnífico que se me cruzó en la vida siendo él ya un veterano. En esos años cursaba mi  4to. año del comercial y trabajaba de cadete en una remisería donde él era chófer. Al Gallego le debo enormes lecciones para la vida. Estábamos sentados justo detrás del banco visitante, delante mío el Toto Lorenzo con todo su histrionismo.
Yo estaba emocionado. La cancha estaba colmada. En el campo de juego estaban todos los que uno quería ver y disfrutar, Bochini y Bertoni y Percy Rojas, el Chivo Pavoni, Villaverde y Trasero, el Negro Galván y el polaco Semenewicz, entre otros. En Boca ya estaba nuestro querido Pancho Sá que también supo brillar allí.

Iban apenas 10 minutos, fue una pelota en profundidad para Astegiano que corre hacia ella y el gol. El Loco arquero-jugador de velocidad privilegiada en la cabeza y en los pies, fiel a su estilo, busca achicar rápido abajo y afuera del área. Llegan juntos el Loco apenas antes. Astegiano lo quiere saltar y le pega sin intención. El choque fue brusco, no recuerdo que fue primero, si el silencio del estadio, los brazos de Bochini pidiendo ayuda o la desesperación del Toto Lorenzo desde la línea. Esas 3 imágenes son las que me vienen cuando recuerdo lo vivido.

Luego los médicos, la camilla, (no había carrito aún), que pasa delante nuestro con el Loco ensangrentado e inconsciente.
Lo que siguió y hoy me emociona recordarlo fue el grito ensordecedor desde los cuatro costados al unísono alentando al Loco. Fue un “Loco Corazón” que surgió genuino, sentido y espontáneo.

Yo también grité y aplaudí, y seguí luego pendiente de las noticias. El partido terminó 1 a 1 con gol de Bertoni y Juanchi Taverna, (un gran goleador de aquellos años) para Boca. Fue anecdótico el resultado, donde Biasuto le atajó un penal a Pavoni.
Todos los que estuvimos ese día allí nos fuimos con una sensación extraña. Gatti era de todos. Era ya el Loco Lindo que garantizaba futbol y alegría. Esa locura linda que le trae frescura al fútbol y que le hace tan bien y que se extraña.
Sin duda los distintos, los disruptivos que llegan para crear y no destruir son los que perduran en el recuerdo y generan afecto evocarlos. Me pone muy contento que el Loco Gatti ya esté recuperado. Él escribió un capitulo enorme en el fútbol.

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