El presente del Rojo es injusto con su historia

El presente del Rojo es injusto con su historia

Parece otro club. Un equipo sin identidad. Ya ni quedan cenizas de aquella mística copera. Independiente atraviesa uno de sus peores momentos en sus 115 años de vida. Sin embargo, en las instancias más críticas pueden estar las oportunidades para el renacimiento. Ese que ilusionó hace poco, pero otra vez, cuando ciertas personas se creen más importantes que la institución, es cuando las sombras vuelven a aparecer.

Ya sabemos todo lo que ganó el Rojo. Un grande que supo distinguirse de los otros cuatro de la Argentina. Ese paladar negro en el gusto futbolístico que puede ser comparable con River, aunque supo agregarle la garra de la que Boca suele rasgarse sus vestiduras. Esa mezcla de buen juego con personalidad dentro de la cancha que lo llevó a obtener sus siete Libertadores, o ganar una Intercontinental de visitante en Roma contra la Juventus (partido único), o ser Campeón Nacional con ocho jugadores. Hoy perdemos un clásico contra Racing con 11 y ellos con 9…

En el primer lustro de los años ochenta, cuando San Lorenzo y Racing se recuperaban de sus descensos, Boca atravesaba una crisis institucional gravísima donde en un partido contra Atlanta en 1984 usó camisetas con números pintados con fibra o River (sí, River), apenas podía llegar a una final con Ferro y perderla, Independiente fue el único grande que se lució de verdad. Fue siendo uno de los referentes del fútbol de Primera y disputando los campeonatos con el propio equipo de Caballito, Estudiantes o Argentinos Juniors. Ah, ganando su última Libertadores y segunda Intercontinental.

Cuando cuento que mi viejo y gran parte de mi familia paterna es de Boca, me preguntan ¿y por qué te hiciste de Independiente? Por llevarles la contra. Porque Independiente era la amalgama perfecta. Esa combinación de buen juego y mucho huevo. Hasta 1990 tuvimos de hijos a todos menos a River. Sí, lo que leíste ¿qué nos paso? La respuesta: mucha gente que estuvo a cargo en las últimas tres décadas no quisieron al club salvo para hacer sus negocios. Se enriquecieron y nuestro querido Rojo se empobreció.

Es un puñal en el corazón. Un empujón al borde del vacío. Un golpe a la dignidad cuando se advierte que hace 18 años no ganamos un certamen local. Tampoco era para tirar manteca al techo en 2002 cuando en ese momento se cortó una sequía de ocho temporadas luego del cetro logrado por el equipo de Miguel Ángel Brindisi en 1994. Ese conjunto de Gustavo Adrián López, Sebastián Pascual Rambert, Daniel Oscar Garnero o el recordado Albeiro Usuriaga.

Sí, fue así. Hoy tal vez un chico de 20 no pueda entender que Independiente solía ser campeon cada casi cinco años. O menos. Incluso en aquél Torneo 1988/1989 obtenido por un equipo que era un violín, dirigido por el “Indio” Jorge Solari. Tal era el aire ganador en Alsina y Cordero (hoy Bochini) que El Gráfico ya no usó el tradicional “Independiente Campeón”. Era redundante. Fue así que empleó “Glorioso Independiente, el fútbol te saluda”.

Sin embargo ¿qué quiso decir ese título de la recordada revista? Que podíamos reinventarnos. Boca y toda su seducción se llevaron a Claudio Marangoni (un emblema rojo) y al querido Pato Pastoriza. Pero nosotros podíamos dar lucha igual. Siempre teníamos algo más. Era una época que inspiraba. No estaba Marangoni, pero si el Negro Ludueña que era un león jugando de 5. El DT no era Pastoriza, pero Solari (a pesar de ser resistido al comienzo) armó un conjunto que jugaba de memoria. El Gringo Giusti estuvo lesionado casi toda la temporada, aunque el Chaucha Bianco fue un gran reemplazante. Jorge Burruchaga ya se había ido hace tres años, aunque Rubén Darío Insua fue el mejor de ese plantel. Y un pibe proveniente de Platense, Carlos Alejandro Alfaro Moreno, era letal por la banda izquierda y dejaba atrás la nostalgia por Alejandro Barberon. Fue el último título del Bocha ¿qué decir de él? Siempre jugó para nosotros. Cracks y referentes históricos de otros equipos no pueden decir lo mismo.

Hoy Independiente no sabe reinventarse. Se fue Ezequiel Barco (la mejor aparición desde el Kun Agüero) y la fábrica de magia parece haberse terminado. Pero puede reabrirse. Hay que volver a las bases. Recuperar a los pibes. Que los chicos tengan más oportunidades. Alan Franco, Nicolás Figal, Fabricio Bustos o el pibe Alan Velasco, por nombrar algunos más recientes, son una muestra que el talento interno está. Nuestros chicos deben tener más lugar. Que puedan contagiar su sentido de pertenencia.

Aunque también si se traen jugadores de renombre, que no vengan a usar al club de vidriera. No hay que hipotecar la casa de uno por una TV 4K de 50 pulgadas… Está perfecto que haya contrataciones de jerarquía, pero que tomen dimensión a dónde llegan y qué es Independiente. Muchos no lo saben (increíble). No quieren saberlo. No les importan. O más grave: quienes los buscaron (técnicos o dirigentes) no se esmeran en dejarles claro que están en uno de los clubes más importantes del mundo.

Nos ilusionamos en 2017 con el ciclo de Ariel Holan. Le ganamos otra copa al Flamengo en el Maracaná. ¡Uff…! Una lástima que aquél camino -tal cual- no haya seguido. Luego vinieron las internas que poco importan sus motivos. Lo relevante es que nada cambiará esta triste realidad hasta que los jugadores, técnicos y dirigentes quieran entender que Independiente está por encima de todos ellos. Una vez que se miren en el espejo y lo admitan -solo ahí- volveremos a ser lo que supimos ser. O al menos será el puntapié inicial que permita recuperar la gloria para siempre.

@dcoronel

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