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Columna de Opinion

Independiente es mi mundo

Independiente es mi mundo

Independiente es mi mundo. Es el universo que nos construimos y del que nos rodeamos, la realidad. No es imaginario, es bien tangible y real. El Universo Independiente es un modo de comprensión del Cosmos. Los planetas se alinean cuando la palabra Copas y una noche estelar de Avellaneda confluyen. Es un mutuo entendimiento básico y cabal de reglas con quien te mirás y luce esa insignia. El Escudo. Ante todo. No debe ser alterado por nada ni nadie.

No sé cuántas almas diablas habrán notado que esta camada de camisetas, que espero se extinga más pronto que tarde, no solo no presenta escudo en su pecho en la versión negra, sino que la blanca aplica un degradé de azul a rojo (el Escudo no se altera) y la titular es una copia del Arsenal inglés, que nunca nos representó. Salvando este tema, no menor, decía que el Escudo visto en cualquier pilcha de un transeúnte de por ahí, te da una entidad y conocimiento de las partes que invita a la reflexión.

Soy del Rojo desde que estaba en la cuna. A Independiente yo lo sigo a dónde va. Es una canción, es una inspiración. Es un hecho ya que sea la hora que sea se lo ve al Rojo de Avellaneda. Aunque duela hacerlo. Porque así lo marca el deseo y el corazón.

Soy del Rojo, y eso me transmite cierta calma, que se altera al calar hondo los rugidos del Infierno con el nombre de Dios y su máximo laurel. Ricardo Enrique y la Libertadores se aúnan en un estadio. Es en ese punto del Universo -en esa geoubicación numérica, para camisetas modernas-, es allí donde late un grito visceral. Dejen votar. La política ejerce su presión, ejecutiva, legislativa y ahora judicial, pero el que transita ese estadio, el que usa los predios y las instalaciones del Club, quiere y necesita que se respete el Estatuto Social y se renueven las Autoridades que lo representan. Sino se daña desde lo básico al Club. El patrimonio se ve afectado por la falta de credibilidad y la presencia de un evidente destrato.

El Diablo como siempre juega sus cartas, hace sus trampas y mete su cola, y nosotros como buenos fieles seguidores de Mefistófeles nos adecuamos a lo que manda. Son 7 los ángeles caídos. Son 7 las Libertadores de América que aún nos tienen en lo más alto del continente.

Asambleas, marchas y contramarchas, llamados, canciones, aguante, carteles, volantes, twitter, hashtag y la concha de tu hermana.

Independiente es mi mundo. Independiente es como entiendo que hay que vivir. Independientemente de lo que crean los demás. Porque no me importa lo que digan, lo que digan los demás… Vale remarcar que la sublevación del socio, la supuesta rebeldía, no es tal, sino que se mantiene en un corral a un grupo de gente que explota y clama por lo que le corresponde. Votar hace ocho largos meses.

Quién tome el mando parece no importar ya ante la olla a presión que se cuece en las llamas del averno. A ver, no nos dejan… A ver si las urnas se abren y el Rojo empieza a prevalecer.

Armar un Plan de reestructuración y llevarlo a cabo. Meter la cola en una nueva Copa es tan vital como el vino. Juntar a las partes que quieren a la Institución, armar una Confluencia por Amor a Independiente. De proyectos, no de personas. Gestiva más que directiva. Y quien tenga más críticas que propuestas deberá ser parte del que se opone, porque así lo marca su esencia. Y quien planifique, proponga y ejecute ese proyecto, será quien deba representar a los Socios.

Las llamas arden, y tras el viernes, el sábado. El mejor hincha es el que aguanta y acompaña, en las buenas y en las malas… En defensa de lo que es de todos, en búsqueda de una justicia que llega tarde y, antes que a la estampita de la abuela de Pusi, elegimos encomendarnos a lo que vote la mayoría. La masa societaria. La que le da entidad y vigencia al Club.

Soy del Rojo, llueva o truene. Soy del Rojo, y eso no se va a cambiar. Vago y atorrante. Y lo sigo siempre a todas partes. Soy del Rojo porque Independiente es mi mundo. Y de él y de la parca y amarga nadie se salva. Hasta el fin de los días, o hasta que al Diablo se le ocurre meter su cola. Porque yo Soy del Rojo desde que nací.

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