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Columna de Opinion

Independiente quiere volver a Fase 1

Independiente no pretende flexibilizaciones en este momento de la cuarentena por el coronavirus. Propone un endurecimiento de las medidas sanitarias y extender el aislamiento social, preventivo y obligatorio hasta que cese el peligro de contagio por la pandemia.

Lejos de los permisos para el running y las salidas recreativas, el club coincide en la necesidad de una mayor rigurosidad en los cuidados para preservar la salud, ante la llegada del famoso pico de infección.

El “Rojo” es “Procuarentena” y alienta el distanciamiento social por tiempo indefinido, al punto total que ese distanciamiento se transformó en la invisibilidad total. Tomó tantos recaudos que ni por teléfono toma contacto con el afuera. Sobrevaloró las recomendaciones del Ministerio de Salud y ni se asoma a la calle. Solo espera las conferencias de prensa que cada 2 o 3 semanas realiza el presidente Alberto Fernández. Mientras tanto, acata y se opone a quienes buscan “una cuarentena inteligente” ampliando más rubros al regreso de la actividad formal.

Independiente es un ciudadano ejemplar. Pero tiene una particularidad para mantener este nivel de conducta. En medio de las discusiones por la dicotomía entre la salud y la economía, el club ahí tiene un dilema. Si bien parece inclinarse por la salud, entiende que con la cuarentena sí habrá reactivación económica. Es un caso casi inédito en días en los cuales la recesión produce una crisis, incluso superior a la vivida en 2001.

Independiente se pone en la balanza de este debate mediático, que nuevamente produce una grieta, y hace equilibrio. De hecho, es tan peculiar el caso de Independiente que, previamente a la cuarentena, era aquella empresa que estaba en condiciones de quebrar y se ilusiona ahora con resurgir en el peor momento. Sin embargo, no necesariamente se debe a un ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción), un IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) o un crédito a tasa cero. Esas herramientas que brinda el Estado ante la crisis económica no son recursos que le interesan a Independiente.

A sus autoridades les importa el resurgimiento de sus arcas a través del “Trueque”, otro fenómeno originado en el 2001, el “Take Away” y la subasta de su patrimonio, aquel que alguna vez decía valer más de 100 millones de dólares, según un especialista en córners cortos. En todos estos casos, hay alcohol en gel, distancia social y un estricto protocolo de salubridad.

Para los directivos, terminar con la cuarentena es un perjuicio para todos y en especial para Independiente. Sí eso ocurriera, el fútbol debería retomarse y se dejaría de lado el plan para la depuración tan ansiada para los dirigentes. En muchos casos, se debería renovar contratos absolutamente onerosos, para no decir insólitos. No habría tiempo, entonces, para forzar las salidas de algunos jugadores, a quienes les van a proponer una abrupta baja salarial para que intenten imitar el camino de Fernando Gaibor. Alexander Barboza, Juan Sánchez Miño, Carlos Benavidez, Lucas Romero, Cecilio Domínguez, Braian Romero e incluso el mismisimo Silvio Romero, son algunos de los jugadores que deberán replantear su futuro ante la renegociación de sus vínculos en épocas de Covid.

Tampoco habría oportunidad para vender a las “joyas de la abuela”. No habría margen para encontrarle destino a Martín Campaña, Fabricio Bustos y Alán Franco, entre otros jugadores rescatables del plantel. Si se logran capitalizar, ya no será un desembolso que sirva para reinvertir como se suponía, sólo podrá funcionar para saldar deudas.

No obstante, en tiempos de vacas flacas, todo es oro. Para eso, necesita tiempo y no recibir presiones externas con una fecha tentativa de los entrenamientos y mucho menos de una fecha estimada para regresar al juego formal.

Es triste, pero Independiente prefirió eso que reclamar por la insólita decisión de terminar un torneo 9 meses antes que finalice el año, quedando afuera de toda competición internacional, tras muchos años (certámenes que otorgan dólares y una serie de claras ventajas para su economía). Sin embargo, semejante descalabro en estos últimos dos años y medio produjo que hoy sus representantes, o los que hoy están pensando en el club, consideren que es mejor mantenerse en perfil bajo y hacer la tarea de la casa primero.

Independiente solicita volver a fase 1: a una cuarentena obligatoria, sin ningún tipo de perspectiva ambiciosa por delante. Usando el prestigio de los infectólogos que asesoran al presidente, alienta a quedarse en casa y sacar la basura debajo de la alfombra, tras años de hacer lo contrario.

Parece extraño pero en un lugar donde sus dirigentes hacen prevalecer la promoción de los derechos de los trabajadores y de una paritaria para el elogio, hoy el “Rojo” va por el camino del ajuste, del recorte indiscriminado. Tras años de desorientación, encontraron el diagnóstico del fracaso de los últimos años. El test dio resultados preocupantes y por eso comienza el plan “sanación”. Escucha a los científicos y refuerza el pedido para volver a fase 1.

Independiente encontró la vacuna que le puede permitir salir de la enfermedad y del confinamiento. Confía que, así, se curará y encima relanzará su economía.

En horas de debate por las intervenciones o expropiaciones por la crisis, los dirigentes confían en su propio capital e ingenio como salida del pozo que hoy se encuentra el club. Creen que es remontable la situación. El tiempo dirá si la “procuarentena” habrá servido, o si fue peor el remedio que la enfermedad.

@nicogallaok

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