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Columna de Opinion

La honestidad nos hizo grandes

Somos de Independiente porque creemos en la mística. Es decir: tenemos fe en esa bravura con la que ganamos campeonatos, clásicos y tantas copas.

La mística es un respeto por la altura del juego, por el talento, por ese arte que es tocar la pelota y eludir al rival antes de que se diera cuenta de que un rayo rojo lo hubiera pasado como a un zombie.

Desde Erico hasta Bochini y Agüero fuimos así. Rayos imparables. Siempre transitando por las cumbres y las hazañas. Con los brazos en alto y el corazón batiente de los que ganan. Ahora perdemos y perdemos. Nos avergüenza por la historia. Nos apena y nos indigna.

Un club grande es una historia de honestidad en el campo de juego que ganó limpiamente todo lo que jugó. Cuando nos intoxicamos de deshonestidad el juego se achicó. El club se achata. La mística se retira.

Para que vuelva hace falta corazón y pases cortos. Recuperar el alma de los cracks. Y volver a la honestidad que perdimos, que es la razón por la que todos perdemos, el motivo profundo por el que el Rojo se desbarranca.

La mística del pasado permanece invicta. Pero en el pasado. Hoy estamos muy heridos. Nos cuesta sostener los brazos en alto. Hay una brújula que nos puede reencauzar: analizar por qué fuimos tan inmensos.

Tenemos que volver la vista hacia la mística para entender que conseguimos lo que conseguimos porque no teníamos ladrones dentro del campo de juego.

Ni tampoco afuera de la cancha, manejando todo con las manos demasiado sucias.

@MWinazki

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