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Columna de Opinion

Una noche inolvidable

En casa respetando la cuarentena, uno comienza a ver papeles viejos, fotos, y sobre todo recuerdos. Ordenando cosas encontré tickets y abonos de temporadas pasadas siguiendo al Rojo.
Sin embargo no encontré nada de los partidos que más tengo grabados en la memoria. Uno fue la primera vuelta olímpica que el Rojo me regaló en la cancha.

Fue una noche de enero del año 79. La final del Campeonato Nacional del 78 .Veníamos de empatar 0 a 0 en el monumental. Independiente recibía al River de los campeones del mundo. Fillol, Pasarela, Luque, Alonso.

Nombres que alcanzaban para asustar al más pintado. Claro que Independiente no era poca cosa. Todavía retumbaba la final del Nacional anterior con el mítico empate ante Talleres en Córdoba.

Pastoriza había consolidado un equipo que daba placer ver. Fren, Barberón, Larrosa,Trosero, Villaverde, el japonés Pérez y, claro, el Bocha.

Vivir en Tigre e ir un miercoles a la noche hasta Avellaneda no era poca cosa en esa época. El viejo salía de la fábrica a las cinco de la tarde. Con José , un amigo del secundario, lo fuimos a esperar. Los tres tomamos el tren en Carupá; en Retiro el subte hasta Constitución y desde ahí el Roca .

Había que llegar temprano para hacer una cola interminable y conseguir una popular. No fue fácil; no se como pero el Viejo se metió en los empujones finales hasta una ventanilla y salió con las tres entradas en la mano.

Nos ubicamos en ese pedacito de la popular que daba sobre lo que hoy es la platea Bochini, cerquita de la hinchada de River.
Desde ahí vimos la función.

Esa noche el Rojo fue una orquesta, pero no cualquiera. Era la sinfónica de Berlín en todo su esplendor; y ustedes saben quien era Barenboim en ese equipo.

Alzamendi y Barberón volvían loca a la defensa gallina. No iban muchos minutos del primer tiempo cuando Fren desparramó a tres o cuatro defensores para tocarsela al Bocha que apenas pisaba el área grande.

Diría que ni miró la pelota, apenas la tocó de derecha, sin pararla . La colocó en el segundo palo de un Fillol que se quedó mirando,como diciendo “pero al menos dejame tirarme”.Era el uno a cero y una sensación de que el campeonato no se podía escapar.

El segundo tiempo fue similar. Independiente parecía esa Holanda que nos había deslumbrado en el mundial. Pero no sólo jugaba bien, también hacía goles y ganaba.

Otra vez el Bocha recibía la pelota en el medio del área grande. Creo que fue Barberón el que se la bajó de cabeza, o quizá fue Outes, no lo recuerdo. Sin mirar, y sin pararla, otra vez de derecha Bochini la ponía contra el palo izquierdo de Fillol.

Y encima en la corrida del festejo vino para donde estabamos nosotros.Ahí en ese pedacito de popular .

A gritarlo con nosotros. En ese inolvidable abrazo que nos dimos con Don Mario
Después vino la vuelta olímpica, una pizza en Constitución y el regreso a Tigre. Para José y para mí era fácil; obvio que no había colegio al día siguiente. Llegamos como a las cuatro de la mañana, y el viejo entraba en la metalúrgica a las 7. No era fácil. Pero seguramente en el bullicio del galpón el ruido de la fresadoras y guillotinas le debe haber susurrado durante todo el día ” Desde Avellaneda salió el nuevo campeón”

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