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Columna de Opinion

Viejas alegrías que claman volver: mi recuerdo del Metro 1970

Fue un lunes a la tarde. Día atípico para el fútbol de primera. En aquellos años en Argentina la palabra domingo era sinónimo de campeonato y cancha. Todos jugaban el domingo menos un partido que iba adelantado los viernes a la noche y televisado.

Era la última fecha del Metropolitano 1970 y definíamos cabeza a cabeza con River. Aquel viernes le tocó a River y goleó a Unión 6 a 0 en el Monumental y nosotros debíamos jugar con Racing en el Cilindro y ganar pero haciendo más de un gol para ser campeones. El domingo fue un diluvio. El partido pasó para el lunes.

El primer tiempo me encuentra en clase. Estaba en 5° grado de la primaria y sin ninguna posibilidad de saber cómo estaba el resultado.
Ninguna chance de llevar la radio a la escuela. En casa solo había una y no se movía de la cocina y además a nadie se le hubiera ocurrido llevar una radio a la escuela. Otras épocas. Otro respeto por los lugares. Otro cuidado de la educación y la escuela.

De regreso a casa salí como siempre con mi hermano Gustavo rumbo a la parada del colectivo, el viejo 77 que unía Liniers con Constitución y venía cada muerte de obispo. Caminamos en silencio. El fanático de River como toda mi familia, yo fanático del Rojo y con la angustia de saber que dependíamos de un milagro, cada uno esperanzados la moneda cayera al final del lado de uno.

Recuerdo subir al colectivo, en Pedernera y Av. del Trabajo, repleto de gente que regresaba de trabajar. Recuerdo el silencio absoluto para escuchar al gordo José María Muñoz desde la radio del chófer y deseando se detuviera en cada parada porque el ruido del motor del viejo Bedford al acelerar tapaba la transmisión.

Recuerdo el relato de los 3 penales, la burla de la gente y el enojo de mi hermano mayor que yo 22 meses y el nombre del árbitro que jamás olvidé Humberto Dellacasa. El viaje siguió y dos paradas antes de llegar a mi destino, a la altura del viejo Cine Fénix en Floresta, la palabra Yazalde que se mezcla con la palabra gol.

Era el gol del campeonato, era el 3 a 2 que nos daba la diferencia y el partido agonizaba. Lo grité con alma y vida pero para para mi, hacía adentro. Vi enseguida la cara de mi hermano e imaginé la de mi papá que aún estaba trabajando.
Llegué a casa en silencio y en soledad me encerré en la cocina a escuchar la radio y el post partido. Me sentí allí, en la cancha, en el vestuario, en las calles de Avellaneda.

En casa solo un guiño de mi viejo tratando de disimular su tristeza y la de mi hermano. River otra vez segundo y 13 años sin salir campeón.
Al día siguiente era martes, día tradicional del Gráfico, (aunque la pasión que despertaba hacía que la gente esperara su llegada el lunes a la noche en los kioscos para no perderla),y al regresar a casa después del colegio me encuentro con un ejemplar en la cama. Mi viejo le pidió a mi mamá que me lo comprara.

Inolvidable! En la tapa el Chirola Yazalde. Esa tapa y el póster del campeón pasó ese día a la pared de mi cuarto junto a las demás que iba colgando con chinches permanentemente.

Ese ritual se lo repetí a mis hijos en la campaña 2002. Cada semana con el triunfo una foto del Rojo Ganador. Aquel 27 de julio de 1970 no se fue más de mi corazón y de mi mente con sus imágenes. Y son de las tantas experiencias que me ilusionan y me aseguran que un día volverán a ser realidad y que disfrutaremos como lo hicimos los que tuvimos el privilegio de ser testigos de aquellos años de gloria. Y saben que? Dando testimonio, contando, recordando seguro contagiaremos para que se aprenda que hay mejores formas de hacer las cosas.

La memoria suele ser bálsamo pero además una gran consejera e inspiradora. Hoy, 50 años después, yo los saludo campeones y les agradezco a la vez que renuevo mi amor por estos colores.

@clauavruj

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